03 marzo 2021

Música y nación en Jamaica: Una lectura histórica y cultural - Parte 3



Mento: sátira, crónica y raíz de la música popular jamaicana



Antes del ska, el rocksteady o el reggae, ya existía en Jamaica una música que hablaba con picardía de la vida cotidiana, que se bailaba en fiestas populares y que llevaba, en sus formas sencillas, el eco de una memoria colectiva ancestral. Esa música fue el mento, considerado por muchos como el primer género popular auténticamente jamaicano, surgido de la mezcla cultural entre las tradiciones africanas traídas por los esclavizados y las influencias europeas introducidas durante el periodo colonial. Su existencia revela no solo un temprano proceso de criollización musical, sino también una aguda conciencia social expresada a través del humor, la sátira y la observación aguda del entorno.

Aunque sus raíces son más profundas, el mento comenzó a perfilarse como género reconocible entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX, particularmente en zonas rurales. Se interpretaba con frecuencia en mercados, plazas, celebraciones campesinas y veladas privadas, donde grupos pequeños, generalmente integrados por instrumentos acústicos —banjo, guitarra, marímbula, tambor, quijada, fife, maracas— daban forma a un sonido cálido y rítmico, de cadencia envolvente, con una base sincopada y estructuras armónicas simples, pero efectivas.

El mento fue mucho más que un estilo musical: fue una forma de narrar. Las letras abordaban temas que iban desde la sexualidad y el trabajo hasta la crítica a las élites, la corrupción, la desigualdad o la migración. En ese sentido, funcionaba como crónica de la vida jamaiquina, en una época en la que los medios formales no registraban las voces de la clase trabajadora. Muchas de estas canciones transmitían sabiduría popular, comentarios sobre la actualidad o historias locales con un tono burlesco, directo y a menudo atrevido. Era música del pueblo para el pueblo, y su popularidad se extendió por toda la isla durante la primera mitad del siglo XX.

La lírica del mento puede parecer ligera a primera escucha, pero bajo su humor frecuentemente esconde una lectura crítica del contexto social. Canciones como “Night Food”, “Woman Smarter” o “Linstead Market” tratan con desenfado temas como el hambre, el género o el comercio informal, con frases llenas de doble sentido y aguda ironía. En este uso de la música como comentario social se manifiesta la continuidad de las formas orales africanas, donde el entretenimiento nunca está separado del pensamiento.

En términos formales, el mento presenta características rítmicas heredadas de África, como el uso de patrones cruzados y la síncopa, que más tarde influirán directamente en la estructura rítmica del ska. Aunque algunos lo confunden con el calypso de Trinidad y Tobago —con el cual comparte ciertos rasgos—, el mento tiene un carácter y un vocabulario propios, anclado en la experiencia local jamaicana, con una fuerte presencia del patois como lengua de expresión y con una estructura musical más sencilla pero no menos efectiva.

Durante los años 40 y 50, con la expansión de la radio y la grabación en Jamaica, el mento entró en los estudios. Artistas como Lord Flea, Count Lasher, Harold Richardson o Stanley Beckford lograron grabaciones populares que ayudaron a consolidar el género en la esfera comercial. Sin embargo, con la irrupción del ska en los años 60 y la transformación del panorama urbano-musical de Kingston, el mento fue gradualmente relegado a los márgenes, manteniéndose principalmente como música folklórica o turística. A pesar de eso, su legado nunca desapareció: muchas de sus formas melódicas y su mirada lírica siguen vivas en los géneros que lo sucedieron.

Más que un género olvidado, el mento es una raíz. Una raíz que alimenta la identidad sonora de Jamaica, y que habla de un pueblo capaz de transformar su historia en canción, su sufrimiento en sátira, su cotidianidad en arte. Comprender su papel es escuchar los cimientos sobre los que se edificó toda la música popular jamaicana posterior.