El apodo “Stranger” le fue dado desde muy joven. Sus propios familiares decían que no se parecía a nadie en la familia, ni en rostro ni en personalidad. Aquel “forastero” pronto se integraría en el paisaje musical de Kingston, primero como compositor y luego como intérprete, marcando época con sus canciones suaves, sinceras y cargadas de ritmo.
En sus inicios, Stranger no destacaba por una ambición desbordante ni por un deseo de fama. En realidad, su entrada al mundo del ska fue casi tímida. Su primer paso fue escribir canciones que otros cantaban. Uno de sus primeros logros llegó cuando Monty Morris grabó “In and Out the Window”, tema compuesto por el propio Stranger, lo que le valió reconocimiento como compositor en el entorno del productor Duke Reid. Pero no pasaría mucho tiempo antes de que él mismo empezara a cantar sus propias composiciones. Fue precisamente bajo el sello Treasure Isle de Reid que grabó su primer gran éxito, “Rough and Tough”, en 1962, año de la independencia de Jamaica y del nacimiento oficial del ska como música identitaria de la isla.
La década de 1960 fue un hervidero creativo para Stranger Cole. Su voz cálida, su dicción clara y su cadencia tranquila se convirtieron en el complemento perfecto para duetos entrañables, especialmente con figuras como Patsy Todd, con quien formó una de las parejas vocales más queridas del ska y el rocksteady. Canciones como “When You Call My Name”, “Down the Train Line” o “Love Divine” reflejan la ternura, la sencillez emocional y la solidez armónica de estos dúos. Más adelante, compartiría también micrófono con Ken Boothe, Gladstone Anderson y Hortense Ellis, hermana de Alton Ellis.
Este gusto por cantar acompañado no era una estrategia de marketing ni una fórmula comercial, sino una expresión sincera de su personalidad: Stranger Cole era un artista introspectivo, más cómodo compartiendo el escenario que acaparando el centro de atención. Lejos de limitarlo, esta característica alimentó su legado como un artista profundamente colaborativo, algo que es constante en toda su discografía.
Uno de los puntos más relevantes —y también más debatidos— de su carrera es su participación en la transición del rocksteady al reggae. En 1968, Stranger grabó junto al saxofonista Lester Sterling un tema titulado “Bangarang”, que se alejaba rítmicamente del rocksteady y establecía una base rítmica sincopada más acentuada, más lenta y con el característico “one drop” del reggae. En entrevistas posteriores, Cole ha afirmado categóricamente que “Bangarang” fue la primera canción verdaderamente reggae jamás grabada. Aunque muchos estudiosos suelen dar ese título a canciones como “Nanny Goat” de Larry Marshall o “Do the Reggay” de Toots & The Maytals —la primera en nombrar al género—, Stranger sostiene que fue Bangarang la que introdujo el nuevo ritmo. Para él, no era tanto la palabra lo que importaba, sino el patrón musical.
Esta afirmación, que ha sido tema de debate, pone en relieve algo crucial: Stranger no sólo fue testigo del surgimiento del reggae, sino que participó activamente en su construcción. A pesar de no haber recibido el mismo reconocimiento que otros íconos del género, su contribución al surgimiento del nuevo ritmo fue decisiva.
En los años 70, como muchos músicos de su generación, Stranger dejó Jamaica. Primero vivió un tiempo en Inglaterra, donde se presentó en festivales y clubes del circuito caribeño. Luego se trasladó a Toronto, Canadá, donde vivió durante décadas. Allí trabajó en una fábrica de juguetes de la marca Tonka y fundó la primera tienda de discos caribeños del Kensington Market, una zona multicultural por excelencia. Aunque alejado del centro de la industria musical, Stranger nunca dejó de grabar ni de actuar esporádicamente. Más aún, desde Toronto siguió promoviendo la cultura jamaicana con discreción, integridad y compromiso.
Durante los años 70 y 80, publicó varios discos, entre ellos Forward in the Land of Sunshine (1976), The First Ten Years of Stranger Cole (1978), y Capture Land (1980). En muchos de ellos no solo fue intérprete, sino también productor, usando su propio sello para preservar su visión musical sin interferencias externas. Ya entrado el siglo XXI, Stranger se mantuvo activo: en 2006 colaboró con Jah Shaka en el álbum Morning Train, y en 2009 fue uno de los protagonistas del documental Rocksteady: The Roots of Reggae, que reunió a figuras emblemáticas de la época dorada del género.
En el año 2018, fue homenajeado en el Independence Grand Gala en Kingston, junto a artistas como Richie Stephens y Damian “Jr. Gong” Marley. El gobierno de Jamaica reconocía así a un artista cuya carrera había sido larga, constante, pero también subestimada por muchos. El reconocimiento oficial fue, para Stranger, un gesto de gratitud por una vida entera dedicada a la música de su pueblo.
Stranger Cole es también un patriarca musical: su hijo “Squiddly” Cole ha sido baterista de figuras como Ziggy Marley, y otro de sus hijos, Marcus Cole (KxritoXisen), ha producido algunos de sus discos recientes, mostrando así cómo el legado de Stranger se extiende a nuevas generaciones.
Hablar de Stranger Cole es hablar de un artista que nunca buscó el estrellato pero cuya huella es profunda y duradera. Fue parte del sonido que marcó el nacimiento de una nación, y de la evolución de un género que transformaría la música mundial. A veces opacado por nombres más visibles, su presencia ha sido constante, honesta y esencial.
En una industria que muchas veces premia el espectáculo sobre la sustancia, Stranger Cole nos recuerda el valor de la consistencia, de la colaboración y de la sencillez. Su voz no ha sido la más ruidosa, pero ha sido una de las más firmes. Y su música sigue allí: vibrando entre los surcos de un vinilo viejo, sonando en los sound systems, o acompañando con dulzura una tarde soleada. Porque Stranger Cole, el forastero, se volvió parte de todos.

