07 julio 2021

Música y nación en Jamaica: Una lectura histórica y cultural - Parte 7


Raíces profundas: Rastafarismo, resistencia y espiritualidad sonora en el roots reggae



A mediados de la década de 1970, Jamaica vivía un periodo de intensas convulsiones políticas y sociales. La polarización entre los partidos hegemónicos —el PNP y el JLP— se traducía en violencia en las calles, en crisis económica, en desempleo y en una creciente desilusión popular. En ese contexto, el reggae —ya asentado como el lenguaje musical más potente del país— se transformó en algo más que un ritmo: se convirtió en un canal de denuncia, conciencia y resistencia. El surgimiento del roots reggae marcó un momento de maduración musical e ideológica sin precedentes en la isla.

El roots reggae no fue solo una evolución estilística respecto al reggae anterior. Fue, sobre todo, un fenómeno espiritual, político y cultural que profundizó en las raíces africanas, la historia de la esclavitud, el orgullo racial y la conexión con el movimiento rastafari. Esta música estaba pensada para conectar con la conciencia del pueblo oprimido, con la memoria colectiva de la diáspora y con el deseo de redención que atravesaba generaciones. Las letras dejaron de centrarse en temas románticos o festivos para volcarse de lleno en mensajes proféticos, denuncias contra Babylon, exaltación de Jah y llamados a la unidad.

Musicalmente, el roots reggae se caracterizó por su ritmo más pausado y meditativo, por el uso intencionado del bajo como columna vertebral emocional y por el empleo del delay, el eco y la reverb que evocaban una sonoridad etérea, a veces casi mística. Fue una época de innovación en el uso del estudio como instrumento creativo, en buena parte gracias a figuras como Lee "Scratch" Perry, que desde su mítico Black Ark Studio impulsó nuevas texturas sonoras que expandieron el lenguaje musical del reggae hacia dimensiones experimentales y espirituales.

Los mensajes del roots reggae fueron inseparables del rastafarismo, un movimiento espiritual surgido en los barrios marginados de Kingston que reinterpretó la Biblia desde la perspectiva del pueblo negro y proclamó la divinidad de Haile Selassie I, emperador de Etiopía, como símbolo de la liberación africana. Para muchos artistas de la época, como Burning Spear, The Abyssinians, Culture, Israel Vibration o Ras Michael, el reggae fue el medio para predicar esa cosmovisión, afirmando una identidad negra y africana en oposición al colonialismo mental heredado del pasado.

Uno de los legados más notorios del roots reggae fue su capacidad para poner en circulación una visión contrahegemónica del mundo. Mientras los medios y las élites locales reproducían los valores occidentales, la música roots planteaba una visión alternativa: anticolonial, anticapitalista, profundamente espiritual y centrada en la comunidad. Esto lo convirtió en una herramienta poderosa para la resistencia cultural y el pensamiento crítico, tanto en Jamaica como en otros contextos del Tercer Mundo.

La figura de Bob Marley encarnó —aunque no sin contradicciones— ese cruce entre música, ideología y alcance global. Con álbumes como Natty Dread (1974), Rastaman Vibration (1976) y Exodus (1977), Marley no solo llevó el roots reggae a audiencias internacionales, sino que ayudó a codificar una estética y una narrativa que inspiró a movimientos sociales y militantes en África, América Latina y Estados Unidos. Su fama, sin embargo, no eclipsó la profundidad del movimiento roots en su conjunto, que fue plural, autónomo y resistente.

A nivel local, el roots reggae también ofreció un refugio simbólico frente a la violencia y la pobreza. Las sound systems, los barrios como Trenchtown o August Town, los estudios como Channel One o Studio One, y las sesiones de grabación se convirtieron en espacios de comunión, creación y catarsis. Allí se construyó una espiritualidad popular que desbordaba los límites del dogma religioso, dando forma a una forma de vivir, sentir y entender el mundo.

Por supuesto, esta etapa no estuvo exenta de tensiones. La industria musical comenzó a mercantilizar algunos símbolos rastas; la internacionalización trajo consigo exigencias comerciales; y dentro del propio movimiento reggae surgieron debates sobre autenticidad, pureza ideológica y fidelidad a las raíces. Sin embargo, lo que permanece del roots reggae es su huella indeleble como vehículo de memoria, identidad y transformación.

En retrospectiva, el roots reggae representó uno de los momentos más luminosos de la música jamaicana: una confluencia poderosa entre estética sonora, contenido político y profundidad espiritual. No fue solo un género ni una moda: fue una declaración de principios, una forma de vida, un llamado colectivo a no olvidar el pasado y a imaginar otros futuros posibles desde la dignidad, la resistencia y la conexión con las raíces.

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