En diciembre de 1990, cuando la tensión internacional por la invasión iraquí a Kuwait se encontraba en su punto más alto, el cantante jamaicano Cocoa Tea sorprendió con una pieza que rompía los límites del dancehall para erigirse como comentario político directo: “Oil Ting”. En un momento en que la música popular parecía alejarse de la crítica social que había caracterizado al roots reggae, Cocoa Tea retomó esa tradición desde una nueva estética sonora, más cercana al lenguaje digital del dancehall pero con la conciencia de un observador político agudo.
“Oil Ting” es un comentario sobre la primera Guerra del Golfo, que estalló en agosto de 1990 cuando Irak lanzó una ofensiva militar contra Kuwait e invadió el país. El título de la canción hace referencia al petróleo, principal motivo de la invasión. La invasión fue rápidamente condenada por numerosos países, y las Naciones Unidas aprobaron la Resolución 660, que condenaba el ataque y exigía el retiro de las tropas iraquíes. Se formó una coalición con Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Egipto y Arabia Saudita, y se desplegaron tropas estadounidenses en Arabia Saudita. Durante el otoño de 1990, las tensiones aumentaron, y un ataque de la coalición parecía cada vez más inminente. Para diciembre de 1990, cuando se lanzó la canción de Cocoa Tea, la posibilidad de una guerra ya no estaba en duda, y la canción refleja la ansiedad reinante en ese momento.
Pero las letras de Cocoa Tea también ofrecen un análisis del conflicto que resalta las motivaciones económicas y materiales de Estados Unidos y los otros miembros de la coalición: el objetivo principal era proteger los recursos petroleros de Kuwait, evitar que
Irak se adueñara de esos campos y prevenir un aumento drástico en los precios del petróleo.
“Dis fighting over dis oil ting / is a dangerous something,” repite el estribillo, advirtiendo que el conflicto no era una cruzada moral sino una disputa económica que amenazaba con incendiar al mundo. Con una lucidez poco común en el dancehall de su tiempo, Cocoa Tea señala la doble moral del sistema internacional, preguntando por qué las mismas potencias que castigaban a Irak guardaban silencio ante el régimen del apartheid en Sudáfrica, y que como Sudáfrica no era un país rico en petróleo, las violaciones a los derechos humanos que caracterizaban el régimen no parecían ser un problema para muchos países:
“Tell me why dis kind of thing never gwaan down ina Africa, ina South Africa?”
Musicalmente, “Oil Ting” se inscribe en la estética dancehall tardía: una base rítmica digital y compacta, patrones de percusión sincopados y un bajo que sostiene la neurálgica del tema. Ese andamiaje sonoro, menos “orgánico” que los arreglos roots de los setenta, aporta inmediatez y una carga de gravedad; la producción electrónica funciona como una caja de resonancia para la letra: acelera la difusión, endurece la presencia y facilita su trabajo en sound systems y emisoras alternativas.
La voz de Cocoa Tea cumple en la canción un papel anclador: su fraseo, relativamente contenido y melódico, modula la urgencia del riddim y confiere credibilidad al mensaje. No busca la exaltación visceral del grito militante, sino la constatación enfática; la repetición de estribillos y la estructura de llamada y respuesta aseguran que el núcleo conceptual —la denuncia de intereses petroleros y la crítica al doble estándar— permanezca en la memoria colectiva.
El impacto de la canción fue inmediato. En un contexto donde muchos artistas evitaban pronunciarse sobre la guerra, “Oil Ting” se convirtió en una referencia del reggae consciente dentro del dancehall, recordando que la pista de baile también podía ser un espacio de resistencia y pensamiento crítico. Es importante subrayar que Cocoa Tea retomó el tema en otras canciones —por ejemplo “No Blood for Oil” (1991), incluida en el álbum Another One For The Road con Home T y Cutty Ranks—, lo que confirma que no fue un gesto ocasional sino una postura sostenida en su obra.
Cocoa Tea abrió un espacio de disidencia musical en tiempos de censura y propaganda mediática. Sin embargo, la recepción de “Oil Ting” entre los medios fue ambivalente: por un lado, reforzó la imagen del cantante como intérprete capaz de abordar asuntos serios dentro del género dancehall; por otro, la canción chocó con circuitos institucionales y comerciales que no siempre toleran la crítica explícita en tiempos de conflicto, llegando a ser restringida, vetada y censurada en estaciones de radio, incluso dentro de Jamaica.
Desde una mirada histórica, la canción captura un momento clave en la transformación del Caribe frente al orden mundial. Jamaica, que desde los años setenta había observado cómo la música se volvía su principal vehículo de expresión política, volvió a alzar la voz a través de un riddim digital. Cocoa Tea no solo comentó la coyuntura: reinterpretó el papel del artista popular como cronista de su tiempo, utilizando la estructura del dancehall —esa mezcla de ritmo, repetición y mantra— para convertir la urgencia política en memoria colectiva.
Hoy, más de tres décadas después, “Oil Ting” sigue resonando con fuerza. No solo por la vigencia de su mensaje —que advierte sobre los intereses económicos tras las guerras modernas—, sino porque simboliza una etapa en la que la música jamaicana reafirmó su poder para cuestionar el mundo. En la voz serena de Cocoa Tea se escucha la continuidad de una tradición: la del artista que observa, analiza y canta lo que otros prefieren callar.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario