04 agosto 2016

Colección Top Sounds From Top Deck


Pocas series de reediciones han logrado capturar con tanta precisión la esencia de un sello jamaicano como Top Sounds From Top Deck. Publicada entre 1997 y 1998 por Westside Records, esta colección de ocho volúmenes rescató la totalidad del catálogo original de Top Deck, el pequeño pero trascendental sello fundado a inicios de los años sesenta por Phillip “Justin” Yap, uno de los productores chino-jamaicanos más discretos y visionarios de la primera era del ska. Sus grabaciones, realizadas con los músicos que luego formarían The Skatalites, constituyen una parte vital de la arquitectura sonora del género.




Top Deck surgió en Kingston en 1962, cuando el joven Justin Yap decidió trasladar la energía de su sound system al terreno de la producción discográfica. Desde el principio se distinguió por una obsesión con la calidad técnica y musical: pocas sesiones, pero siempre con músicos de élite, como Roland Alphonso, Don Drummond, Tommy McCook, Baba Brooks, Lloyd Knibb o Jackie Opel. A diferencia de otros sellos más prolíficos como Studio One o Treasure Isle, Top Deck funcionó casi como un taller artesanal: un espacio de experimentación donde cada grabación debía ser impecable. Esa visión explica que su catálogo fuera breve —apenas unas decenas de sencillos—, pero de una consistencia y elegancia excepcionales.

Tres décadas más tarde, cuando la fiebre del ska revival había consolidado un público internacional, las cintas maestras de Top Deck reaparecieron. Justin Yap, residiendo ya fuera de Jamaica, impulsó junto con Westside Records la restauración y reedición de sus grabaciones originales, muchas de ellas en estado casi inédito. El resultado fue la serie Top Sounds From Top Deck, que no sólo recuperó las piezas clásicas, sino también tomas alternativas, mezclas inéditas y versiones vocales olvidadas. Cada volumen fue concebido con criterio temático y cronológico, hasta conformar un auténtico archivo sonoro de la época dorada del ska.

Esta estupenda serie de 8 discos recopilatorios esta compuesta por:

La serie se distingue también por su coherencia sonora. Lejos de las recopilaciones arbitrarias que inundan el mercado, Top Sounds From Top Deck mantiene una fidelidad notable al sonido original: grabaciones monofónicas restauradas con cuidado, notas técnicas detalladas y un criterio de selección que privilegia la autenticidad sobre la nostalgia. En cada pista se percibe la textura cálida del acetato, el eco del estudio y la espontaneidad de una escena que aún no se sabía histórica.

Para los estudiosos del ska, estas compilaciones representan un testimonio documental de enorme valor. Permiten reconstruir la línea evolutiva del género desde su base jazzística hacia formas más estructuradas que preludian el rocksteady. También ofrecen una mirada poco explorada al papel de productores y músicos chino-jamaicanos en la industria discográfica local, evidenciando cómo Top Deck fue un punto de encuentro entre la precisión técnica oriental y la efervescencia caribeña.

La recepción crítica de la serie fue discreta pero entusiasta. Muchos coleccionistas y músicos de la escena revival en Europa y Japón la consideraron una referencia obligada. Al mismo tiempo, los especialistas reconocieron la importancia de que Justin Yap hubiera conservado sus masters originales, un acto de preservación que, sin su visión, podría haberse perdido en el olvido, como ocurrió con tantos sellos menores. Cada volumen se convirtió así en un fragmento de memoria, en una pequeña cápsula del tiempo que devuelve al oyente al Kingston de los años sesenta.

Hoy en día, Top Sounds From Top Deck sigue siendo una puerta privilegiada hacia la raíz más pura del ska. Escuchar la serie completa es recorrer un arco sonoro que va de la improvisación a la elegancia, del bullicio urbano a la sofisticación melódica. No sólo documenta un sello, sino una forma de entender la música jamaicana: como diálogo, como invención colectiva y como herencia cultural. En tiempos de compilaciones digitales y archivos dispersos, esta serie conserva el espíritu original del vinilo: la paciencia de escuchar, la curiosidad por descubrir y la gratitud hacia quienes, con talento y disciplina, sembraron el ritmo que cambió al mundo.


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