Cuando se habla de reggae británico de los años ochenta, hay canciones que trascienden lo musical para convertirse en documentos sociales, y "One in Ten" de UB40 es una de ellas. Publicada en julio de 1981 dentro de su segundo álbum Present Arms, marcó un antes y un después no solo para la banda, sino para la forma en que el reggae podía dialogar con las problemáticas más duras de la Inglaterra de entonces. El título era directo: uno de cada diez trabajadores estaba en paro. El dato, frío y estadístico, se convirtió en el eje de una pieza que logró colarse en el Top 10 británico y que aún hoy se recuerda como un emblema de aquella primera etapa combativa del grupo.
El contexto económico explica buena parte de su fuerza. Entre 1979 y 1982 la tasa de desempleo del Reino Unido prácticamente se duplicó, pasando de poco más del 5% a superar el 10%, con regiones industriales como Birmingham especialmente golpeadas por el cierre de fábricas y la reconversión industrial. 1981 fue un año particularmente duro: disturbios en Brixton, Toxteth y otras ciudades mostraban el estallido social de una población joven, obrera y racializada que se veía arrinconada por un sistema económico que ya no la necesitaba. La cifra del diez por ciento de desempleo se repitió en periódicos, noticieros y debates parlamentarios, y fue ese dato el que UB40 decidió convertir en canción.
Lo interesante es que la banda no hablaba desde la distancia. Provenientes todos de barrios obreros de Birmingham, los músicos habían vivido en carne propia la experiencia del desempleo. El nombre mismo del grupo alude al formulario oficial UB40, que debían rellenar quienes solicitaban la prestación por desempleo. En otras palabras, ellos mismos habían sido ese "uno de cada diez". Esta identidad no era decorativa: estaba en la raíz de su proyecto musical. UB40 nació como un colectivo multirracial que veía en el reggae no solo un estilo sonoro, sino un vehículo para narrar la vida de quienes el sistema prefería silenciar.
En el terreno político, "One in Ten" se inscribe en la resistencia cultural a las políticas de Margaret Thatcher. Su gobierno había iniciado una agenda neoliberal de recortes, privatizaciones y debilitamiento de los sindicatos. Aunque la letra no la menciona directamente, los contemporáneos entendieron enseguida la alusión: la recesión, la desindustrialización y el desempleo masivo eran consecuencias inmediatas de ese programa. La literatura académica ha señalado esta canción, junto con otras del mismo álbum, como parte de un corpus crítico contra el thatcherismo. Y en entrevistas posteriores, miembros de UB40 han recordado que se sentían vigilados, que MI5 les intervenía los teléfonos y que la banda no tenía miedo de lanzar canciones de protesta como “Madam Medusa”, un ataque frontal a la figura de Thatcher.
La letra de “One in Ten” es sencilla y devastadora. La voz en primera persona dice “yo soy el uno de cada diez”, encarnando no solo al desempleado, sino al alcohólico, al sin techo, al adicto, al suicida. Es una voz colectiva que se multiplica en todas las exclusiones sociales que no aparecen en los titulares. El recurso literario de hablar en primera persona acerca al oyente y lo obliga a compartir la posición del marginado. De ese modo, la canción convierte un dato abstracto en experiencia concreta, una cifra en un cuerpo.
En lo musical, la pieza se construye sobre una base de reggae roots con un tempo medio-lento. El bajo marca el pulso con un peso casi hipnótico, mientras la batería mantiene un patrón contenido, con ecos del one-drop jamaicano. Los teclados de Michael Virtue añaden texturas cálidas y repetitivas que envuelven la voz principal de Ali Campbell. Pero son los metales, sobre todo el saxofón de Brian Travers, los que elevan la canción: su fraseo melancólico funciona como un lamento que atraviesa todo el tema. El resultado es un paisaje sonoro austero, grave y profundamente coherente con la historia que se narra.
La producción corrió a cargo de Ray "Pablo" Falconer, cuñado de Ali Campbell y figura crucial en el sonido temprano de UB40. En el estudio The Music Centre de Wembley se aplicaron recursos propios del dub: reverberaciones, ecos, silencios y retornos estratégicos. La mezcla privilegió la sección rítmica, pero permitió que las voces y los metales mantuvieran nitidez. El resultado fue un sencillo que, aunque accesible al público general, conservaba la densidad sonora del dub jamaicano, adaptada al pop británico sin perder fuerza.
La edición también fue peculiar. En Reino Unido, "One in Ten" apareció como doble cara A junto con “Present Arms in Dub”, lo que revelaba la intención de la banda: mostrar la versión canción-protesta y, a la vez, su espejo instrumental y experimental. El gesto evidenciaba que para UB40 el lenguaje del dub no era un adorno, sino parte integral de su mensaje político. En otros países se publicaron lados B distintos, pero la edición británica es la que mejor refleja la lógica estética del grupo.
En términos comerciales, el impacto fue inmediato: se convirtió en el cuarto Top 10 del grupo en Reino Unido y reforzó la idea de que UB40 podía ser popular sin sacrificar contenido político. La paradoja es evidente: una canción que denunciaba la invisibilidad del desempleo masivo se volvía omnipresente en radio y televisión, logrando que ese tema ingresara al espacio mediático mainstream.
Comparada con otras piezas contemporáneas, como "Ghost Town" de The Specials o "Stand Down Margaret" de The Beat, "One in Ten" se distingue por su tono menos irónico y más empático. Mientras las otras usaban sátira o retratos apocalípticos, UB40 eligió dar voz al número, hablar desde la estadística transformada en individuo. En el coro de protestas sonoras contra la Inglaterra de Thatcher, esta canción se convirtió en la que humanizaba de manera más clara la devastación social.
El testimonio de la propia banda años después refuerza esta lectura. Ali Campbell ha recordado que no solo escribían sobre paro, sino sobre todo un clima de vigilancia y represión. La frase célebre de Thatcher, "no existe tal cosa como la sociedad", contrastaba brutalmente con una canción que repetía lo contrario: sí existe, y son los millones de parados, enfermos y marginados reducidos a estadísticas.
En el marco del reggae británico, "One in Ten" tuvo un papel crucial. UB40 era una banda multirracial en un Reino Unido que aún lidiaba con tensiones raciales y disturbios urbanos. Su reggae, aunque enraizado en la tradición jamaicana, hablaba directamente desde la experiencia inglesa. Con ello, crearon un puente entre la diáspora y la clase obrera local, y mostraron que el reggae podía ser tanto un sonido identitario como un lenguaje político universal.
La historia del tema no terminó en los ochenta. En 1992, el grupo de electrónica 808 State lanzó junto a UB40 un remix de "One in Ten" que llevó la voz y el saxofón original a un nuevo paisaje techno-ambient. Contra todo pronóstico, esta versión volvió a entrar en el Top 20 británico, demostrando que el mensaje y la melodía podían trascender generaciones y estilos. Fue, además, un ejemplo temprano de cómo el mash-up y la relectura electrónica podían revitalizar canciones de protesta.
La importancia de "One in Ten" también se entiende a través de su álbum espejo, Present Arms in Dub, publicado pocos meses después. Este disco fue el primer álbum de dub en alcanzar el Top 40 británico, un logro histórico que muestra cómo UB40 logró normalizar un lenguaje sonoro experimental y convertirlo en parte del mainstream. El dub, que en Jamaica era laboratorio de estudio, se convirtió en el Reino Unido en vehículo de crítica social accesible a las masas.
Hoy, con la perspectiva del tiempo, la canción sigue funcionando como documento de época. El legado del thatcherismo incluye un aumento pronunciado del desempleo, la profundización de la desigualdad y una huella cultural que aún se discute. Escuchar "One in Ten" es recordar cómo se sentía ese momento: un país en crisis, una juventud desilusionada y una banda que decidió tomar las estadísticas oficiales y devolverlas convertidas en un lamento colectivo.
One in Ten es, en definitiva, una conjunción rara de forma y fondo. Su estructura sobria, su bajo omnipresente, sus ecos de estudio y su melancólico saxofón le dan una gravedad única; su letra, construida en primera persona, transforma la cifra en sujeto. Histórica y culturalmente, fijó para siempre el sonido del desempleo en la Gran Bretaña de los primeros ochenta y elevó el estándar del reggae político hecho en Europa. Más de cuatro décadas después, su eco sigue recordando que detrás de cada número hay un rostro, una voz y una vida.

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