27 agosto 2025

27 de agosto: Aniversario luctuoso de Haile Selassie I, el último emperador de Etiopía


El 27 de agosto de 1975 falleció en circunstancias poco esclarecidas una de las figuras más enigmáticas y trascendentales del siglo XX: Haile Selassie I, emperador de Etiopía entre 1930 y 1974, símbolo de resistencia africana, arquitecto del panafricanismo moderno y figura espiritual para millones de personas en la diáspora afrodescendiente. Su muerte marcó el fin definitivo de una era milenaria en Etiopía, y su figura —entre la historia y la leyenda— ha seguido creciendo en relevancia política, cultural y espiritual.

Haile Selassie había sido depuesto por una junta militar conocida como el Derg en septiembre de 1974, en un contexto de crisis política, descontento popular, hambrunas devastadoras, presión internacional y demandas de reforma social. Tras su derrocamiento, fue mantenido en arresto domiciliario en el palacio de Menelik, donde el 27 de agosto de 1975 se anunció su muerte. Las autoridades del Derg afirmaron que había fallecido por causas naturales, pero múltiples testimonios apuntan a que fue asesinado por órdenes directas del régimen, y su cuerpo enterrado en secreto dentro del complejo palaciego. Durante años, su muerte fue rodeada de silencio, opacidad y represión, mientras la junta intentaba erradicar todo rastro del antiguo régimen imperial.

Sin embargo, su legado fue imposible de borrar. En la memoria colectiva de África y de la diáspora negra, Selassie encarnaba mucho más que un emperador. Era el soberano que había defendido la independencia de Etiopía frente al colonialismo europeo; el líder que había denunciado ante el mundo la barbarie fascista en su célebre discurso de 1936 en la Sociedad de Naciones; el impulsor de una visión panafricana que se concretó con la fundación de la Organización para la Unidad Africana; el gobernante que había procurado una modernización institucional en el marco de una monarquía teocrática, y que, a pesar de sus errores y contradicciones, fue símbolo de dignidad en tiempos de dominación y racismo globalizados.

Pero su muerte no sólo fue sentida en los círculos políticos. En Jamaica y otros puntos del Caribe, donde el movimiento rastafari lo reconocía como el Mesías y encarnación viva de Jah, su fallecimiento fue interpretado de múltiples maneras: unos lo negaron rotundamente, afirmando que Selassie había trascendido la carne y aún vivía en espíritu; otros lo asumieron como una prueba divina para la fe de los creyentes. Su figura espiritual se mantuvo intacta, y su imagen —con su corona, su túnica y su mirada firme— continuó siendo venerada por miles de fieles rastas. En muchas casas, altares y ceremonias, el día de su muerte se conmemora no como una pérdida, sino como una transición.

En 1992, tras la caída del régimen del Derg, su cuerpo fue recuperado del lugar donde había sido enterrado secretamente. En el año 2000, finalmente, se le rindieron honores fúnebres con una ceremonia oficial en la catedral de la Santísima Trinidad de Addis Abeba. Allí reposan hoy sus restos, como símbolo de una historia que no fue borrada ni por la violencia ni por la propaganda. A 50 años de su muerte, Haile Selassie I sigue siendo evocado por líderes africanos, por músicos de reggae, por historiadores, por espirituales rastas, por activistas y por pueblos que ven en él una encarnación de soberanía, dignidad, resistencia y visión.

Recordar su muerte no es sólo rememorar el fin de un monarca, sino rendir homenaje a una de las personalidades que más marcaron la historia moderna de África y su diáspora. Su legado, aunque complejo y lleno de matices, sigue iluminando los caminos de aquellos que buscan justicia, libertad, espiritualidad africana y autodeterminación.




No hay comentarios.:

Publicar un comentario