Una música nacida de la resistencia que se convierte en patrimonio del mundo.
Cada primero de julio, distintas comunidades del mundo celebran el Día Internacional del Reggae, una fecha para rendir homenaje a uno de los géneros musicales más influyentes, profundos y transformadores del siglo XX: el reggae. Desde su origen en los barrios humildes de Kingston hasta su reconocimiento como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, el reggae ha cruzado fronteras, generaciones e idiomas, llevando consigo un mensaje de justicia, espiritualidad y dignidad humana.
¿Cómo nació esta conmemoración?
El Día Internacional del Reggae fue propuesto por Andrea Davis, periodista y productora cultural jamaicana, como parte de una iniciativa para visibilizar el impacto del reggae en la cultura global. El 1 de julio fue escogido como el día oficial desde 1994, en coordinación con el Ministerio de Cultura de Jamaica, y desde entonces se ha convertido en una celebración internacional que incluye conciertos, foros académicos, documentales, exposiciones y transmisiones en vivo desde Kingston y otras partes del mundo.
Este día no busca solo exaltar lo musical, sino también reconocer el reggae como una herramienta cultural y social, capaz de generar conciencia y empoderamiento en comunidades oprimidas, en Jamaica y en cualquier rincón del planeta.
Más que música: un movimiento
El reggae no es solo un género musical. Es una expresión de lucha, de identidad africana, de espiritualidad rastafari, de denuncia social y también de amor. Artistas como Bob Marley, Peter Tosh, Burning Spear o Toots Hibbert se convirtieron en una plataforma para hablar de opresión, libertad y esperanza.
En 2018, la UNESCO reconoció al reggae como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, destacando su contribución a la conciencia internacional sobre temas de injusticia, resistencia, amor y humanidad.
Reggae como espiritualidad y filosofía.
Uno de los aspectos fundamentales del reggae es su conexión con el rastafarismo, una corriente espiritual afrocaribeña que reconoce a Haile Selassie I como símbolo de resistencia y redención africana. A través del reggae, el rastafarismo se internacionalizó, llevando consigo ideas como el repudio al “Babylon” (sistema opresor), la importancia del “livity” (forma de vida consciente) y la utopía del “Zion” (un lugar de liberación y paz).
Cabe destacar que no todos los artistas de reggae son rastas, pero la cosmovisión rastafari moldeó profundamente las letras, el lenguaje, la estética y los valores del género. Esta dimensión espiritual es una de las razones por las que el reggae sigue tocando el alma de personas muy distintas en contextos sociales diversos.
Más que una celebración: un llamado a la reflexión
El Día Internacional del Reggae no es solo un evento cultural o musical. Es una oportunidad para recordar por qué esta música sigue vigente, por qué las palabras de Bob Marley, Burning Spear o Linton Kwesi Johnson siguen resonando.
Es también una invitación a revisar cómo la industria, los medios, e incluso los fans, a veces reducen el reggae a una estética sin comprender su dimensión profunda. Celebrarlo también implica cuestionar, estudiar, escuchar más allá del ritmo.
El reggae no es solo un género musical. Es un testimonio vivo de cómo la música puede denunciar, curar, unir y transformar. Porque como dice el dicho:
El reggae no es solo música. Es una misión.

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