Pocas canciones pueden presumir haber transformado un género local en un fenómeno internacional. “Jamaica Ska” de Byron Lee & The Dragonaires es una de ellas. Con su energía contagiosa, su mensaje sencillo y su puesta en escena coreografiada, esta pieza no solo ayudó a popularizar el ska fuera de Jamaica, sino que lo convirtió en un símbolo de identidad cultural, alegría y orgullo nacional.
Lanzada en 1964, la canción fue compuesta por Keith Lyn y Ken Lazarus, dos miembros destacados de la banda dirigida por el carismático Byron Lee. A diferencia de otros exponentes del ska más crudo y callejero, más instrumental y con ingenio musical como The Skatalites o Prince Buster, Byron Lee optó por un sonido más pulido, accesible, dirigido a públicos internacionales. La producción fue cuidada y el ritmo —aunque igual de sincopado y bailable— tenía una elegancia que la hacía ideal para presentaciones en vivo, clubes nocturnos y transmisiones televisivas.
Desde sus primeros compases, “Jamaica Ska” establece lo esencial: este ritmo es para todos. No hace falta ser un experto en baile. Como reza la letra:
“Not everybody can do the twist / but everybody can do the ska”.
La invitación es clara: bajar la cabeza, balancear los brazos, doblar las rodillas… y dejarse llevar. La canción incluso incluye instrucciones de baile, popularizadas en el escenario por el animador Ronnie Nasralla, y que fueron pieza clave en su expansión.
Musicalmente, la canción conserva todos los elementos clásicos del ska jamaiquino: una sección de metales brillante, guitarras en off-beat, y una base rítmica diseñada para el movimiento. Su mensaje, sin embargo, trasciende el baile. Es una afirmación de la Jamaica joven e independiente, que acababa de dejar atrás el colonialismo británico (en 1962) y buscaba afirmarse a través de su cultura. “Jamaica Ska” es, entonces, más que un simple tema festivo: es una declaración de estilo, un himno nacional alternativo, un grito de celebración y de autoestima caribeña.
El ska, nacido en los barrios populares de Kingston y nutrido por el mento, el rhythm & blues estadounidense y la tradición afrocaribeña, era en ese momento aún considerado “música de gueto”. Pero Byron Lee, con su banda mestiza y sofisticada, lo llevó a otro nivel. “Jamaica Ska” fue su carta de presentación al mundo, interpretada en giras por Estados Unidos y Canadá, incluso en una audición para el Ed Sullivan Show.
Apareció también en recopilaciones internacionales, bandas sonoras de películas como Back to the Beach (1987), y más notablemente en el documental "This Is Ska" (1964), donde puede verse a la banda tocando en el mítico Sombrero Club de Kingston, junto a leyendas como Jimmy Cliff, The Maytals y Prince Buster.
Más allá de su ritmo alegre y sus frases pegajosas, “Jamaica Ska” representa un momento cultural clave: la Jamaica independiente, joven, orgullosa y lista para conquistar el mundo a través de su música. La canción ha sido versionada por artistas como Jimmy Cliff y Desmond Dekker, por bandas como Fishbone o Tokyo Ska Paradise Orchestra, que le dieron un giro más funk y acelerado, y en América Latina destacan las versiones de los mexicanos Toño Quirazco y su orquesta Hawaiana y La Tremenda Korte.
Su legado permanece vivo en las pistas de baile, en las sesiones de DJ que exploran los clásicos del ska, y en la memoria colectiva de quienes descubren el género a través de sus canciones más emblemáticas.
En un mundo que parece olvidar el poder del ritmo como puente entre culturas, “Jamaica Ska” nos recuerda que basta con mover los pies y dejar que la música hable por nosotros. Porque si no todos pueden hacer el twist, sí todos pueden bailar ska.
“Bow your heads, swing your arms, bend your knees… do the ska”.
Entre el ritmo y la palabra.
Ska, Reggae y cultura en cada canción.

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