24 julio 2025

“Oh Carolina” – La canción que anticipó todo


Aunque muchos aficionados al reggae reconocen Oh Carolina por la versión de Shaggy que arrasó en 1993, la historia de esta canción se remonta a más de tres décadas antes y está profundamente ligada al surgimiento de la música popular jamaicana. Su grabación original, realizada en 1960 por The Folkes Brothers, no solo fue pionera por su sonido, sino que también marcó un momento decisivo en la forma en que Jamaica comenzó a definir su identidad musical.

El productor Prince Buster, en aquel entonces un joven aún poco conocido en la escena, fue quien impulsó esta grabación. Motivado por la idea de crear algo auténticamente jamaicano, se acercó a Count Ossie, uno de los primeros músicos rastafaris en promover el uso de los ritmos rituales del nyabinghi en contextos populares. Ossie accedió a colaborar, con la condición de que su estilo fuera respetado. La grabación se llevó a cabo con su grupo de tambores, acompañado por The Folkes Brothers, un trío conformado por los hermanos John, Mico y Junior Folkes.

El resultado fue una pieza que, aunque aún tenía elementos del R&B que dominaba la radio en Jamaica en los años previos a la independencia, introdujo una sonoridad radicalmente distinta. La base rítmica nyabinghi, unida a un acompañamiento minimalista —en el que posiblemente participaron Owen Gray al piano y Ronnie Bop en el bombo—, ofrecía una estructura repetitiva, hipnótica y profundamente ligada a la espiritualidad rastafari. El propio Prince Buster añadió aplausos e imitaciones vocales de metales, mientras los hermanos Folkes grabaron las voces en tan solo un par de tomas.

Para muchos estudiosos del género, Oh Carolina representa uno de los primeros momentos en los que la música jamaiquina se desmarcó conscientemente del molde estadounidense. Kevin O'Brien Chang, autor del libro Reggae Routes: The Story of Jamaican Music, señala que las primeras grabaciones hechas en la isla eran imitaciones de canciones norteamericanas, con poco contenido original. En contraste, Oh Carolina presentó un enfoque sonoro innovador que combinaba energía rítmica con raíz cultural. La interacción entre los tambores y las voces no solo introdujo una estructura nueva, sino que también permitió una forma de llamada y respuesta orgánica, ruda y profundamente local. Aunque no era ni ska, ni calipso, ni R&B, ni mento, la canción anticipaba un nuevo rumbo. Y si se pudiera señalar una sola canción que simbolice el nacimiento del reggae, esta sería una de las más firmes candidatas.

La importancia histórica de la canción se vio renovada en 1993, cuando Shaggy lanzó su propia versión. Fue un éxito internacional y apareció en la banda sonora de la película Sliver. Sin embargo, el uso de un sample del tema Peter Gunn de Henry Mancini provocó una disputa legal sobre la autoría de Oh Carolina. En un juicio en el Reino Unido en 1994, el tribunal dictaminó que John Folkes era el autor legítimo de la canción original. Desde entonces, se reconoció a Folkes como compositor oficial, aunque los créditos de la versión de Shaggy incluyeron también a Mancini debido al sample.

Más allá del éxito de esta nueva versión, el tema original fue por mucho tiempo la única grabación de los Folkes Brothers. Luego de su lanzamiento, los hermanos tomaron caminos distintos: Mico Folkes se trasladó a Estados Unidos para estudiar teología, John Folkes se doctoró en la Universidad de las Indias Occidentales y más tarde fue profesor en Canadá, mientras que Junior Folkes se mantuvo activo en la industria musical. Pasaron más de cincuenta años antes de que dos de ellos, Mico y Junior, se reunieran en 2011 para lanzar un nuevo álbum titulado Don’t Leave Me Darling, producido con el apoyo del músico e ingeniero Jah D. En este proyecto no participó John, pero marcó el retorno discográfico del grupo, medio siglo después de su irrupción con una de las canciones más influyentes en la historia de la música jamaicana.

Contrario a lo que a veces se afirma, Count Ossie no grabó una versión propia de Oh Carolina en su célebre álbum Grounation (1973), aunque su huella permanece en la versión original. Lo que sí está claro es que Oh Carolina no solo fue una canción de éxito: fue el punto de partida para toda una tradición musical que, desde entonces, ha dado forma al ska, al rocksteady, al reggae y más allá.





Entre el ritmo y la palabra.
Ska, Reggae y cultura en cada canción.

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