¿Alguna vez te has preguntado cómo surgió el ritmo dulce y cadencioso que conquistó Jamaica a mediados de los años 60? La respuesta puede estar en una canción que no solo definió un nuevo sonido, sino que también le dio su nombre: Rocksteady, de Alton Ellis.
Para comprender su relevancia es necesario mirar atrás, al ska, el ritmo dominante en Jamaica durante la primera mitad de la década. El ska era veloz, efervescente y perfecto para acompañar el espíritu optimista de la reciente independencia, así como para alimentar la energía callejera de los rudeboys. Sin embargo, en el verano de 1966, el calor extremo tuvo una consecuencia inesperada: tanto músicos como bailarines comenzaron a sentir que ese tempo frenético era simplemente insostenible. El cuerpo pedía otra cosa. Así, por necesidad física y sensibilidad colectiva, comenzó a gestarse una transformación sonora.
El cambio se expresó en un ritmo más pausado, con líneas de bajo más prominentes, batería relajada y arreglos vocales más melódicos. Los instrumentos de viento, antes protagonistas, cedieron espacio a la guitarra rítmica en offbeat y al piano sincopado. Fue un cambio estructural y emocional. En ese contexto emergió el rocksteady, y con él, una nueva estética musical que terminaría siendo fundamental para el desarrollo posterior del reggae.
La leyenda sitúa el nacimiento simbólico de este género en el estudio Treasure Isle, propiedad del productor Arthur "Duke" Reid. Allí, durante una sesión de grabación, Alton Ellis —quien ya era una figura consolidada del ska— pidió a su bajista que ejecutara una línea más lenta y pesada. Al sentir el nuevo pulso, Ellis improvisó una frase que quedaría grabada en la historia:
"Better get ready, come do rock steady...".
Ese estribillo espontáneo no solo se convirtió en el gancho de la canción, sino que dio nombre al género que nacía. Así lo relatan testimonios de músicos de la época y cronistas del desarrollo musical jamaicano.
Lanzada en 1967 bajo el sello Treasure Isle, Rocksteady se consolidó como la canción que marcó el cambio de época. Lejos de buscar complejidades líricas o reflexiones profundas, su mensaje era una invitación clara y directa a sumarse a una nueva forma de bailar y sentir la música. En su letra, Ellis menciona incluso a “Uncle Freddy”, aludiendo posiblemente al cantante y bailarín jamaicano Freddie McKay, popular en los circuitos juveniles. El espíritu de la canción es festivo, pero también celebratorio de una identidad en transformación.
Alton Ellis, con su estilo elegante y su tono vocal expresivo, fue clave en esta transición. Su sensibilidad melódica, influida por el soul y el R&B estadounidense, encontró en el rocksteady el espacio ideal para florecer. Temas como el amor, los celos, el deseo y la traición adquirieron nueva profundidad emocional cuando fueron interpretados con la calma y el ritmo envolvente de esta nueva corriente. No es casual que a Ellis se le conozca desde entonces como el “Padrino del Rocksteady”.
Aunque su periodo de mayor popularidad fue breve —entre 1966 y 1968— el impacto del rocksteady fue duradero. Sus estructuras musicales y su énfasis en el bajo se convirtieron en cimientos del reggae. Además, el enfoque vocal más íntimo del rocksteady dio pie a estilos como el lovers rock y el roots reggae, marcando profundamente el sonido jamaicano durante las décadas siguientes.
Pocas canciones tienen el privilegio de bautizar un género y marcar con tanta claridad un parteaguas musical. Rocksteady de Alton Ellis es una de ellas. No fue solamente una canción pegajosa ni una moda pasajera: fue una declaración cultural que cambió el curso de la música popular del Caribe.
Hoy, más de medio siglo después, sigue sonando en pistas de baile, programas de radio especializados y colecciones de vinilo, como testimonio de aquella cadencia nueva que llegó para quedarse.
Entre el ritmo y la palabra.
Ska, Reggae y cultura en cada canción.

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