11 mayo 2021

11 de mayo - 40° aniversario luctuoso de Bob Marley

Su muerte se produjo de forma prematura por un cáncer que se extendió por todo su cuerpo y que comenzó en el dedo de un pie en 1977, año en que los médicos le habían detectado un tipo de melanoma maligno; los profesionales le aconsejaron amputar el dedo, pero Bob, por creencias religiosas, rechazó la intervención.

Tres años después, el 5 de octubre de 1980, visitaba Nueva York por primera vez en su vida para dos actuaciones en el Madison Square Garden. Vivía el lujo del hotel Essex House, al sur del Central Park, pero la mañana del 8 de octubre salió a hacer jogging y se cayó al suelo desplomado. En el hospital donde fue ingresado, quedaron horrorizados. El cáncer había avanzado al cerebro y a los pulmones. Recibió tratamiento médico en Nueva York, pero los médicos aseguraron que ya no podían hacer nada por él. Tres días después actuaba en el teatro Stanley de Pittsburgh. Esa sería su última actuación.

Pese a que se le habían augurado algunos días más de vida, Bob siguió adelante con sus tratamientos médicos y pasaron poco más de seis meses visitando médicos y clínicas especializadas. Sin embargo, el 11 de mayo de 1981, Bob Marley viajó desde Alemania hasta Jamaica, pero sus funciones vitales empezaron a fallar y fue ingresado urgentemente en el Hospital Universitario de Miami, donde pudo aterrizar el avión en el que viajaba. A las pocas horas, el artista falleció en el propio hospital.

Su muerte a la edad de 36 años provocó una ola de dolor en todo el mundo. En Jamaica, una congregación de mas de 6.000 personas lamentó la pérdida del Honorable Robert Nesta Marley, OM (Orden al Mérito) en una ceremonia fúnebre de estado en la National Arena. “Él es parte de la conciencia colectiva de la nación”, declaró el primer ministro Edward Seaga en un elogio al cantante que, dijo, había “dejado una huella indeleble”.

Bob Marley fue uno de los grandes músicos del siglo pasado y referencia obligada para todo aquel que hable de paz; supo que la música poseía una fuerza oculta que movía a millones de personas y la usó para tratar de construir una sociedad mejor. El mensaje de sus canciones y su posicionamiento social le convirtieron en un símbolo para los oprimidos.

A 40 años de su partida le rendimos homenaje para recordar la vida y obra del rasta más famoso del mundo y así honrar su nombre y su legado musical.



¡¡¡Por siempre Bob Marley!!!







05 mayo 2021

Música y nación en Jamaica: Una lectura histórica y cultural - Parte 5


Rocksteady: el ritmo lento del desencanto y la introspección



El rocksteady no irrumpió con estridencia en el panorama sonoro jamaicano; más bien, descendió con la calma grave de quien ha dejado de correr para observar lo que queda. A mediados de los años 60, apenas unos años después del entusiasmo que rodeó la independencia, Jamaica atravesaba una nueva etapa: el sueño emancipador comenzaba a mostrar sus grietas. Las promesas de justicia social, desarrollo económico y unidad nacional que acompañaron la descolonización se veían erosionadas por el aumento del desempleo urbano, la migración rural desordenada, el auge de los tugurios y la consolidación de las élites tradicionales en el nuevo poder. En ese contexto, la música también cambió de velocidad, de tono y de espíritu.

El ska, con su aceleración optimista y su impulso de fiesta popular, dejó paso a un nuevo ritmo más lento, introspectivo, melódico. El rocksteady, que dominó brevemente la escena entre 1966 y 1968, fue la transición entre el entusiasmo juvenil del ska y la madurez crítica del reggae. Su base instrumental conservaba elementos del ska —particularmente el acento en el offbeat—, pero la batería se hizo más pausada, el bajo adquirió un papel más protagonista y serpenteante, y la estructura armónica permitió un mayor protagonismo a las voces, muchas veces con un carácter coral o dialogado.

La ralentización del tempo no fue solo una decisión estética: fue también una forma de expresar el ánimo social del momento. En los barrios populares de Kingston, donde la juventud crecía sin acceso real a oportunidades laborales, educativas ni culturales, el rocksteady ofrecía un espacio de refugio emocional y expresión identitaria. Su lírica giró en torno a temas como el amor, la traición, la desilusión, la soledad, pero también la esperanza, el deseo de pertenencia y la afirmación del yo. A través de canciones como “Take It Easy” de Hopeton Lewis, “On the Beach” de The Paragons, o “Rocksteady” de Alton Ellis, se desplegó un lenguaje emocional que conectaba profundamente con los afectos y tensiones de una generación atrapada entre dos épocas.

El aspecto vocal fue central en el rocksteady. Si bien el ska había privilegiado los coros energéticos y los solos instrumentales, el rocksteady colocó la voz en primer plano, exigiendo interpretaciones más sutiles, sentidas y melódicas. Esto propició el auge de los grupos vocales como The Techniques, The Heptones, The Melodians o The Gaylads, cuyas armonías influenciadas por el soul norteamericano aportaron una estética refinada, casi espiritual. En muchas de estas canciones puede percibirse la herencia de Sam Cooke, Curtis Mayfield o The Impressions, fusionada con el sentimiento popular de las calles jamaiquinas.

En paralelo, el rocksteady permitió una sofisticación instrumental sin perder su raíz popular. El bajista Jackie Jackson, el tecladista Gladstone Anderson o el guitarrista Lynn Taitt contribuyeron a definir un estilo que, si bien duró apenas dos años como ritmo dominante, dejó una huella indeleble. Fue precisamente Lynn Taitt, guitarrista trinitense radicado en Jamaica, quien se considera uno de los grandes arquitectos del sonido rocksteady, con su estilo cortante, minimalista y preciso que ayudó a consolidar la estética del género.

Culturalmente, el rocksteady marcó un punto de inflexión. Fue el momento en que la música popular jamaiquina dejó de mirar hacia afuera para comenzar a narrarse a sí misma con una nueva profundidad. Aunque el ska ya había hablado del orgullo nacional y la modernidad, el rocksteady se sumergió en los sentimientos contradictorios de la juventud negra urbana: amor romántico, sí, pero también frustración, deseo de movilidad social, reflexión sobre el entorno inmediato. Esta densidad emocional fue preparando el terreno para el reggae, donde el comentario social se tornaría aún más explícito y estructurado.

El rocksteady también coincide con la consolidación del “ghetto” como realidad urbana y categoría cultural. Lugares como Trench Town, Jonestown o Denham Town no eran ya simples barrios; se convertían en territorios simbólicos desde los cuales se emitía un discurso musical con identidad propia. La experiencia de vivir en la pobreza urbana comenzaba a ser enunciada por sus propios protagonistas, no solo desde la denuncia directa, sino desde la sensibilidad artística. El amor y el dolor, la celebración y el abandono, el consuelo y la rabia empezaban a tomar forma musical como síntomas de una juventud que sabía que el tiempo de las ilusiones había terminado, pero que aún quería creer en algo.

En términos sociales, el rocksteady también reflejó cambios en la estética corporal, en la moda, en las formas de socialización. Los bailes se hicieron más íntimos, los movimientos más sensuales, y el atuendo pasó del desenfado del rude boy al estilo más contenido y elegante del “soul rebel”. Esa transformación estética acompañaba una transformación emocional: la música, ahora más lenta, invitaba a escuchar, a interpretar, a sentir de otro modo.

Aunque breve en su reinado, el rocksteady fue semilla y bisagra. Fue el espacio de condensación donde las tensiones de la Jamaica posindependiente encontraron su primer lenguaje maduro, introspectivo y artístico. Su valor no radica solo en lo que anticipó —el advenimiento del reggae—, sino en lo que supo capturar: una generación enfrentada a su tiempo, que eligió la lentitud como forma de pensamiento, y la melodía como forma de resistencia emocional.