26 junio 2025

Stranger Cole - 80 aniversario de vida


Wilburn Theodore “Stranger” Cole nació un día como hoy en Kingston, Jamaica, aunque existe una discrepancia en su año de nacimiento: algunas fuentes apuntan a 1942, otras a 1945.

Este artista entrañable debutó en los años 60 con el clásico “Rough and Tough”, y se hizo conocido por sus duetos con Patsy Todd, Ken Boothe y Hortense Ellis. En 1968 grabó “Bangarang”, tema que él considera el primer reggae auténtico.

Migró en los 70 a Inglaterra y luego a Canadá, donde fundó una tienda de discos y siguió impulsando la cultura caribeña desde el exilio. A lo largo de más de seis décadas ha grabado, compuesto y compartido su voz con varias generaciones.

🎧 Hoy te invitamos a escucharlo y celebrarlo con:

 Rough and Tough
Bangarang
When You Call My Name
Morning Train
Just Like a River


Gracias por regalarnos canciones eternas, duetos inolvidables y por ser parte fundamental del pulso musical de Jamaica.




"Kingston Town" - Cuando la canción se vuelve mapa emocional de Jamaica


En el paisaje musical de Jamaica, pocas canciones han logrado capturar la magia de la isla con tanta delicadeza y evocación. No todas nacen para las pistas de baile ni para liderar manifestaciones. Algunas, como "Kingston Town", nacen para evocar, para invitar al recuerdo, al sueño, a la nostalgia y al deseo. 

En una época donde el ska comenzaba a mutar en rocksteady y este, a su vez, abría paso al reggae, esta canción quedó como una joya serena. Interpretada por Lord Creator en 1970, esta canción representa un punto muy particular dentro del amplio espectro de sonidos que florecieron en la isla entre los años 50 y 70. A medio camino entre una balada caribeña, un ska ralentizado y una pincelada de jazz isleño, “Kingston Town” es mucho más que un homenaje a la capital de Jamaica: es una postal sonora de un lugar soñado, idealizado, donde el amor y la esperanza conviven bajo la luz de la luna.

Lord Creator, nacido como Kentrick Patrick en Trinidad y Tobago, llegó a Jamaica en los años 50, parte de esa migración cultural que tejía puentes invisibles entre islas vecinas a través del calypso, el mento y el jazz. No fue un recién llegado cualquiera: con su voz grave y elegante, Lord Creator fue una figura clave en la consolidación de la industria musical jamaiquina.

En 1962, su tema “Independent Jamaica” fue elegido para conmemorar la independencia del país, bajo la producción de Vincent “Randy” Chin. Su éxito ayudó a cimentar el lugar de los estudios y sellos como Studio 17 y Treasure Isle, que serían esenciales en la historia del reggae. Su voz profunda, su elegancia vocal y su sensibilidad artística lo posicionaron como uno de los grandes intérpretes del periodo pre-reggae. Y, a diferencia de muchos contemporáneos, su estilo siempre estuvo marcado por la suavidad, la introspección y la belleza melódica.

Lanzada en 1970 a través del sello Clandisc, bajo la producción del legendario Clancy Eccles, “Kingston Town” es una canción sencilla en su estructura, pero profunda en su espíritu. Fue grabada en un momento en que el ska ya había pasado su apogeo, el rocksteady estaba en retirada y el reggae comenzaba a tomar forma con fuerza política y espiritual. No es un ska de ritmo vibrante ni un reggae politizado. Es una balada que respira amor y nostalgia, un retrato idealizado de Kingston, no como la urbe bulliciosa que conocemos, sino como un espacio mágico, casi mítico.


The night seems to fade
but the moonlight lingers on”
“If I were king of Kingston Town...


El protagonista de la canción sueña con reinos y promesas; imagina un mundo donde, como rey, podría ofrecer todo a su amada. Pero no es un sueño pomposo: es humilde, melódico, esperanzador. Musicalmente, la pieza se construye con arreglos sutiles: vientos suaves, percusión discreta, y una estructura armónica que recuerda tanto al mento como a las baladas del soul caribeño. No busca la euforia, sino la contemplación.

Aunque la versión original tuvo gran reconocimiento local, fue la banda británica UB40 la que la llevó a las listas de popularidad mundial casi dos décadas después. Su versión de 1989, incluida en el álbum Labour of Love II, fue un hit en Europa: número 1 en Países Bajos, Francia y Noruega.

Esa reinterpretación introdujo la canción a nuevas generaciones, aunque con un tratamiento más pop y pulido, alejándola de la esencia sonora jamaiquina que Lord Creator había impreso. Aun así, el mérito de UB40 fue indudable: ayudaron a que muchos regresaran a la fuente y redescubrieran el original.

“Kingston Town” es un ejemplo perfecto de cómo una canción puede funcionar como mapa emocional de una ciudad y de un tiempo. Es una obra que, sin gritar consignas, sin denunciar ni predicar, representa el espíritu de esperanza silenciosa que también forma parte de la identidad caribeña.

Esta pieza musical no se clasifica fácilmente. No es un ska en el sentido clásico, ni reggae en su forma más reconocible. Es una pieza que se mueve entre géneros, casi como un bolero isleño, con la sensibilidad del jazz caribeño y la sencillez poética del mento. En ella habita ese espíritu de esperanza que permeó los primeros años del ska y el rocksteady, cuando la música era vehículo de futuro, amor y belleza.

Para quienes exploran las raíces de la música jamaicana, esta canción es indispensable. No por su potencia política, sino por su poder emocional. Es un testimonio de cómo Kingston, más que una ciudad, puede ser un estado del alma.




20 junio 2025

Groover Redding. El primer juramento a Ras Tafari


Grover Cleveland Redding, activista panafricanista radicado en Chicago, figura entre los personajes más tempranos asociados a las ideas que, años después, nutrirían al movimiento rastafari. Aunque permanece en los márgenes de la historiografía convencional, su trayectoria ofrece un ejemplo significativo del nacionalismo negro y del “etiopianismo” que circulaba en diversas comunidades afroamericanas a inicios del siglo XX. En 1919, Redding realizó un acto simbólico que marcaría su lugar en esta historia: la quema ceremonial de la bandera estadounidense y el izamiento de la bandera etíope como expresión pública de lealtad al entonces Ras Tafari Makonnen, futuro emperador Haile Selassie I.

Este gesto no surgió de manera aislada. Formaba parte de una red más amplia de expresiones políticas y espirituales vinculadas al panafricanismo, al movimiento de repatriación y a la relectura bíblica del rol de Etiopía como referente simbólico de soberanía y dignidad negra. Dichas corrientes se vieron reforzadas por la llegada a Estados Unidos, en 1919, de una delegación diplomática etíope que visitó varias ciudades del país. Para grupos afroamericanos que buscaban construir identidades alternativas frente a la segregación y la negación de ciudadanía plena, Etiopía funcionó como un emblema político y espiritual, capaz de articular aspiraciones de autonomía y de reconfigurar la noción de pertenencia comunitaria.

En este contexto, Redding fundó la Star Order of Ethiopia o Ethiopian Mission to Abyssinia, una organización que combinaba elementos políticos, proféticos y comunitarios. Sus miembros se autodenominaban “etíopes” en un sentido simbólico, rechazando la categoría de “negros” impuesta por el orden social estadounidense. La organización promovía la idea de una diáspora etíope dispersa, destinada a reorganizarse y, eventualmente, a contribuir a la construcción o fortalecimiento de Etiopía como nación independiente. Esta visión tomó forma en rituales, documentos de membresía y discursos públicos que buscaban situar a la comunidad afroamericana dentro de un marco identitario alternativo y transnacional.

El episodio más documentado ocurrió el 20 de junio de 1920, cuando Redding encabezó una marcha en el sur de Chicago. Vestido con una indumentaria que él describía como propia de un príncipe abisinio y montado en un caballo blanco, lideró una procesión que culminó en la quema simbólica de la bandera estadounidense. La acción derivó en un enfrentamiento con la policía, en el cual hubo disparos, heridos y, posteriormente, detenciones. Redding fue arrestado, juzgado y finalmente ejecutado, convirtiéndose en una figura polémica dentro del paisaje político afroamericano de su tiempo.

A pesar de la escasez de registros oficiales y de la fragmentación de las fuentes, la memoria de Redding pervive en relatos orales, en algunos escritos panafricanistas tempranos y en investigaciones recientes sobre el radicalismo negro del periodo de entreguerras. Su importancia radica menos en la magnitud organizativa de su movimiento y más en el peso simbólico de sus acciones, que anticipan elementos que posteriormente serían centrales en el pensamiento rastafari: la centralidad de Etiopía, la lealtad espiritual hacia el Ras Tafari como figura de soberanía africana, y la resignificación religiosa y política del discurso panafricanista.

La historia de Redding y de la Misión Abisinia evidencia cómo, antes del surgimiento formal del rastafarismo en Jamaica, ya existían entre sectores afroamericanos formas de reinterpretar a Etiopía como proyecto político, espiritual y cultural. Su caso ilustra también la amplitud del imaginario panafricanista en el periodo de posguerra y permite comprender mejor las raíces transnacionales y heterogéneas que alimentaron, en décadas posteriores, los movimientos culturales y religiosos vinculados a la diáspora africana.




19 junio 2025

"Smile Jamaica" - Cuando Bob Marley desafió las balas con música


"Smile Jamaica" es una canción emblemática en la historia de Bob Marley no solo por su contenido musical, sino por el poderoso contexto político, social y personal que la rodea. Fue lanzada en 1976 como sencillo originalmente, por el sello discográfico
Tuff Gong de Island Records.

En 1976, Jamaica atravesaba una fuerte crisis política y social, con altos niveles de violencia entre los dos partidos principales: el PNP (Partido Nacional del Pueblo) de Michael Manley (socialista) y el JLP (Partido Laborista de Jamaica) de Edward Seaga (conservador). Bob Marley, aunque no se alineaba abiertamente con ningún partido, era visto como una figura influyente y neutral que podía promover la unidad nacional.

En ese contexto, se organiza un concierto gratuito titulado “Smile Jamaica”, patrocinado por el gobierno de Manley, para promover la paz y la reconciliación en medio del caos. Bob Marley accedió a participar, pero dejó claro que su motivación era la unidad del pueblo jamaiquino, no el apoyo a un partido.

Dos días antes del concierto, el 3 de diciembre de 1976, hombres armados atacaron la casa de Bob Marley en 56 Hope Road en Kingston y dispararon contra él, su esposa Rita Marley —alcanzada por una bala en la cabeza— y su manager Don Taylor, quien resultó gravemente herido. Afortunadamente, ninguno perdió la vida. Pero aquel ataque dejó una cicatriz profunda, no solo en la piel de Marley, sino en la historia política y cultural de Jamaica.

La presión para Bob era enorme. Algunos lo veían como una figura mesiánica, otros como una amenaza. Después del atentado, muchos pensaron que no se presentaría al concierto. Pero Marley, vendado, herido, y con las marcas aún frescas del atentado, decidió subir al escenario en el Parque de los Héroes Nacionales el 5 de diciembre ante más de 80 mil personas. Vestía la misma ropa que llevaba al momento del ataque. Su acto no fue solo una muestra de valentía personal, sino también un acto político, espiritual y cultural de primer orden. Cuando más tarde le preguntaron por qué no se tomó un descanso, respondió con una frase que quedaría grabada para siempre:


La gente que está tratando de hacer de este mundo un lugar peor
no se toma un día libre... ¿por qué habría de hacerlo yo? "


Esa noche, Bob Marley no solo ofreció un concierto: dio una lección al mundo sobre dignidad, música y resistencia. Entre las canciones que interpretó, había una pieza nueva, que aún no había grabado oficialmente. Se trataba de “Smile Jamaica”, una canción suave, de tempo relajado, que no hablaba del ataque, ni de política, ni de odio, ni de venganza. En ella, Bob invita a su pueblo a sonreír, mantenerse fuerte y seguir adelante, incluso en los momentos difíciles. Su estructura lírica no es compleja, pero es profundamente significativa dentro del contexto en que fue creada. Después del concierto “Smile Jamaica”, Marley se exilió en Londres por más de un año, donde grabaría el icónico álbum “Éxodus” de 1977.

Sin embargo, “Smile Jamaica” fue un bálsamo. No era una canción de lucha frontal, como “Get Up, Stand Up” o “War”. Era más bien un respiro, un gesto de afecto hacia una nación herida. En un contexto de sangre, rabia y caos, Marley eligió la ternura. Y en esa elección reside gran parte de la potencia de esta canción. Es una muestra de cómo el reggae puede ser denuncia, pero también consuelo; puede ser fuego, pero también agua.

Aunque grabada ese mismo año, la canción no fue lanzada oficialmente sino hasta 1992, cuando Island Records la incluyó en el box set "Songs of Freedom" . La versión extendida de más de cinco minutos, más rara y difícil de encontrar, ofrece una experiencia más rica y envolvente que la versión corta de 2:45 minutos.

Musicalmente, conserva el estilo roots de Marley, pero con un tono más ligero, casi lúdico, donde el mensaje flota en un espacio cálido y acogedor. En 1999, la BBC nombró el concierto "Smile Jamaica" como uno de los momentos clave de la música del siglo XX.

Con el tiempo, "Smile Jamaica" ha adquirido un estatus especial entre los fans: no es una de las canciones más famosas, ni la más tocada, ni la más coreada. Curiosamente su letra sencilla ha sido utilizada en múltiples campañas para promover el turismo en Jamaica, aunque su origen está vinculado a un momento extremadamente violento del país. Pero sin duda, es una de las más significativas, porque representa un momento crucial de su vida, donde el arte se impuso al miedo, donde la música le ganó a las balas y donde el amor por Jamaica, con todo su dolor y contradicción, pudo traducirse en una sonrisa.

Y es que esa sonrisa no era ingenua. Era resistencia pura. En un país al borde del colapso, Bob Marley tomó el micrófono como si fuera un escudo, una semilla, una bandera. Y dejó claro, con cada nota, que la cultura no es un lujo, sino una necesidad urgente. Que incluso en el peor de los escenarios, la música puede ser el espacio donde nace lo posible.

Smile Jamaica” es, entonces, más que una canción: es un acto. Un gesto. Un mensaje que, décadas después, sigue sonando como un susurro poderoso en medio del ruido: no dejemos de sonreírle a nuestra tierra, aunque tiemble bajo nuestros pies.




12 junio 2025

"Simmer Down" – El rugido juvenil de los primeros Wailers


En los inicios de 1964, mientras los ecos de la recién lograda independencia de Jamaica aún resonaban por toda la isla, un grupo de jóvenes músicos irrumpió en la escena musical con una canción que marcaría un antes y un después en la historia del ska y de la música jamaicana en general. La canción era “Simmer Down”, y el grupo se hacía llamar The Wailing Wailers, formado por tres jóvenes que aún no sabían que terminarían dejando una huella profunda en la cultura popular global: Bob Marley, Peter Tosh y Bunny Wailer. Esta canción, cuyo título se puede traducir como “Cálmate” o “Bájale”, no solo fue un éxito inmediato, sino también una declaración artística y social desde el corazón de los guetos de Kingston.

Simmer Down no fue un llamado superficial a la paz, sino una advertencia directa, cruda, desde las propias entrañas del pueblo. En ese momento, la juventud urbana de Jamaica, especialmente los llamados “rude boys”, comenzaba a forjar una identidad rebelde que combinaba frustración social, desempleo, pobreza, orgullo callejero y, a menudo, violencia. Eran jóvenes sin muchas oportunidades, influenciados tanto por la nueva independencia como por la falta de respuestas del gobierno y la desigualdad persistente. En lugar de adoptar una postura moralista o condenatoria, los Wailers —ellos mismos nacidos en comunidades marginadas— les hablaron como iguales:


Simmer down, you lickin' too hot, so …”
(“Cálmate, estás muy caliente…”).


Era una advertencia fraternal, no una condena. Lo que se escucha en esta canción no es sermón, sino un grito de urgencia, de autoconservación y de conciencia de clase.

Musicalmente, la canción es un ejemplo perfecto del primer ska jamaiquino: ritmo rápido, batería sincopada, guitarras y pianos al corte, y una sección de metales potentes y brillantes a cargo de The Skatalites, la banda instrumental más influyente del país en ese entonces. La energía que transmite es contagiosa, casi imposible de resistir. Pero ese mismo dinamismo contrasta con el mensaje de autocontrol. Se baila mientras se reflexiona. Se mueve el cuerpo, pero también se activa la mente.

Lo más notable es que esta canción fue grabada en condiciones bastante rudimentarias: en los estudios de Studio One, bajo la producción de Coxsone Dodd, pionero absoluto del sonido ska. Cuenta la leyenda que se grabó en una sola toma, con una intensidad tan orgánica que nadie sintió la necesidad de repetirla. El trabajo de los músicos de sesión, los ya populares Skatalites, complementó a la perfección la letra con la música. Era juventud en estado puro, expresada sin filtros ni ornamentos. Fue también la primera grabación profesional de Bob Marley y el primer número uno en su carrera, marcando así el inicio de una evolución musical que lo llevaría del ska al rocksteady, luego al reggae y finalmente a convertirse en un ícono mundial del mensaje, la paz y la resistencia.

El contenido lírico de Simmer Down destaca por su claridad. El narrador advierte a los rude boys sobre los peligros del estilo de vida violento. Habla con conocimiento de causa, y lo hace en el mismo lenguaje de la calle. El término “lickin' too hot” se volvió parte de la habla cotidiana jamaicana para referirse a alguien que está actuando de forma imprudente, excesiva o peligrosa. Así, la canción no solo dejó huella en las listas de popularidad, sino en la cultura oral del país.

El impacto de esta pieza fue tal que trascendió los límites del género. Aunque pertenece claramente a la era del ska, muchos consideran que en Simmer Down ya se puede vislumbrar el germen del reggae consciente que más tarde caracterizaría a Bob Marley. Está presente esa misma preocupación por el pueblo, ese mismo compromiso con las injusticias sociales, aunque aún no aparece el rastafarismo como guía espiritual. Es una canción profética, tanto en su mensaje como en su función: en ascendido las primeras llamas de una transformación musical que no se detendría por décadas.

Otro elemento que la hace especial es su vigencia. Simmer Down sigue resonando hoy, en un mundo donde las juventudes marginadas de muchas ciudades siguen enfrentando desigualdad, discriminación, criminalización y falta de oportunidades. La voz de Marley, todavía adolescente, parece anticipar conflictos futuros, con una sensibilidad que se rehúsa a aceptar la violencia como única salida. Ese llamado a “bajarle”, a resistir sin autodestruirse, tiene un peso que trasciende la época.

Más allá del éxito comercial —que fue notable en Jamaica—, Simmer Down ha sido versionada por bandas del revival ska como The Specials, The Toasters y The Mighty Mighty Bosstones, que reconocen en ella un antecedente crucial del ska con conciencia. También ha sido analizada por historiadores y sociólogos como una pieza clave para entender cómo la música popular puede dialogar directamente con la realidad social, incluso sin pretensiones políticas explícitas.

Hoy, escuchar Simmer Down es volver al Kingston de los años sesenta, caminar entre los callejones del gueto, sentir la tensión, el calor, el descontento... pero también es escuchar a tres jóvenes que, en lugar de rendirse, decidieron usar su voz. Su música no solo hizo bailar, también hizo pensar, y eso es precisamente lo que convierte a esta canción en un clásico verdadero. Años más tarde, Marley se volvería un ícono mundial del reggae y la paz. Pero todo comenzó aquí, con una advertencia cantada en medio del caos de Kingston.





11 junio 2025

¡Aviso! Nueva sección del blog


El Ska y el Reggae son un tipo de música que es amada y apreciada por millones de personas en el mundo entero y por diversas razones. Tal vez sea por las letras inspiradoras y conscientes, tal vez por la calidez y la emoción que proyectan las voces de artistas como Doreen Shaffer, Laurel Aitken, Maxi Priest, Gregory Isaacs o el mismo Bob Marley, o simplemente los ritmos magníficos y escénicos o instrumentales que potencian las canciones, dictan el ritmo y te hacen bailar. Las letras son el alma de la música, pero los ritmos son el latido del corazón.

A lo largo de los años, han surgido innumerables temas instrumentales que son sensacionales, creados por los fenomenales artistas y músicos que han surgido de Jamaica. Cuando pensamos en cuál canción es la más icónica, el debate se abre, pues hay mucha tela de donde cortar. Pero por mas grandiosas que sean tal o cual canción, hay algunas que son tan fenomenales y definen a cada género que, literalmente, lanzaron las carreras de diferentes generaciones de artistas a lo largo de los años.

Bajo esa variable, en este espacio hemos decidido empezar una nueva seccion, en la que analizaremos aquellas canciones que, por alguna de las razones que ya mencionamos, son parte de la grandeza de la música popular contemporánea jamaicana y qe han colocado a dichos géneros en la orbita mundial del ambito musical.

Es por eso que, con mucha alegria, y esperando que contribuya a entender no solo musicalmente, sino tambien de manera histórica, social y cultural a la musica jamaicana, les presentamos nuestra nueva sección llamada:


Entre el Ritmo y la Palabra.
Ska, Reggae y cultura en cada canción.


Esperando que sea una sección de su agrado, les queremos anunciar que se estarán haciendo análisis de canciones los días jueves, para que de esa manera nos acompañen en las lecturas que presentemos y que, como siempre, compartan todo el material que aquí ponemos a su disposición.


¡¡Que viva la música jamaicana!!