30 julio 2025

King of Kings - Ska, espiritualidad y nación en formación


Una de las canciones más populares de la época de los años 60 fue King of Kings, grabada en 1963 por un adolescente Jimmy Cliff bajo la producción de Leslie Kong; es mucho más que una pieza temprana en la discografía de una futura leyenda del reggae, pues se trata de una composición fundacional dentro de la historia de la música jamaicana: una obra que captura el espíritu del ska naciente, refleja las aspiraciones políticas y culturales de una nación recién independizada, y anticipa la evolución espiritual y estética que definiría al reggae en la década siguiente. Este sencillo no solo consolidó el sonido del ska como una expresión musical única de Jamaica, sino que también sirvió como vehículo para la afirmación espiritual, política y cultural de un pueblo en plena construcción de su identidad postcolonial.

Desde una perspectiva puramente musical, King of Kings representa un ejemplo prístino del ska clásico. La producción de Leslie Kong —uno de los arquitectos del sonido jamaicano, también responsable de descubrir a Desmond Dekker, The Maytals y al joven Bob Marley— es notablemente pulida para la época. La canción presenta todos los elementos esenciales del ska: un ritmo contagioso marcado por el característico contratiempo en la guitarra y el piano, una línea de bajo prominente que ancla la estructura melódica y una sección de vientos vibrante que aporta brillo, fuerza y sofisticación.

La voz juvenil de Jimmy Cliff —aún lejos del timbre maduro que lo distinguiría en los años 70— transmite ya una fuerza interpretativa notable. Cliff no canta desde la arrogancia callejera del rude boy ni desde una perspectiva romántica, sino con un fervor casi religioso. El resultado es un tema que no solo invita al baile, sino también a la contemplación.

La estructura de la canción, sencilla y eficaz, con versos y estribillos memorables, facilita su memorabilidad. Este carácter accesible, sumado a su carga simbólica, favoreció su popularidad y su resonancia a lo largo del tiempo.

La grabación de King of Kings ocurrió en 1963, apenas un año después de que Jamaica obtuviera su independencia del Reino Unido. El país vivía un momento de intensa efervescencia social, política y cultural. Las viejas estructuras coloniales comenzaban a ser desafiadas, mientras se ensayaban nuevos proyectos de identidad nacional. La música, en ese contexto, se convirtió en una herramienta fundamental para imaginar la nación, proyectar orgullo cultural y expresar aspiraciones colectivas.

La canción no solo acompañaba los bailes y las calles, sino que funcionaba también como discurso implícito sobre la fe, la justicia y la autodeterminación. La letra remite directamente a una figura mesiánica. El título evoca a Jesucristo, designado como Rey de Reyes en la tradición cristiana. Pero en la Jamaica de los años 60, este apelativo también comenzaba a adquirir una segunda lectura, especialmente entre los seguidores del incipiente movimiento rastafari: se refería a Haile Selassie I, emperador de Etiopía coronado en 1930 con ese mismo título bíblico.

Aunque Jimmy Cliff no se había identificado aún con el rastafarismo en esta etapa de su carrera, la canción puede leerse como una alusión anticipada al discurso espiritual que impregnará el reggae roots una década después. El "Rey de Reyes" que "pondrá orden en este mundo injusto" se convierte en una figura que encarna justicia divina, restauración y redención, valores centrales tanto en el cristianismo como en el rastafarismo. Para los jóvenes jamaicanos de 1963, esta referencia podía significar muchas cosas a la vez: la esperanza en un líder fuerte, el juicio moral del colonialismo, o el surgimiento de un nuevo orden espiritual.

Aunque King of Kings no es una canción de protesta en el sentido estricto, su mensaje afirmativo contiene una poderosa carga política. En una nación recién descolonizada, hablar de la venida de un Rey de Reyes podía interpretarse como una metáfora del deseo de liderazgo justo y soberanía nacional. La letra expresa la necesidad de transformación ante un “mundo injusto”, lo cual tiene un eco claro en las realidades postcoloniales de la isla. Además, el posible guiño al rastafarismo —aún estigmatizado por el Estado y los sectores conservadores en esa época— confiere a la canción un matiz de autoafirmación identitaria y resistencia simbólica. Así, King of Kings puede leerse como un acto sutil de desafío, camuflado en forma de espiritualidad.

Para la carrera de Jimmy Cliff, King of Kings fue una piedra angular. Aunque no fue su primera grabación —pues ya había registrado otras piezas como Daisy Got Me Crazy y Hurricane Hattie—, sí fue uno de sus primeros éxitos reales, consolidando su reputación como una de las voces emergentes más prometedoras de Jamaica. Esta canción le abrió las puertas a una serie de grabaciones bajo la tutela de Leslie Kong y, eventualmente, a su fichaje con Island Records, el sello que lo llevaría al reconocimiento internacional.

Desde temprano, Cliff demostró una madurez temática inusual para su edad. Mientras otros artistas de la época exploraban temáticas más ligeras, él ya abordaba cuestiones de fe, redención y justicia, con una voz clara y emocional que captaba la atención del público y de la industria.

Hoy, King of Kings forma parte del repertorio esencial del ska jamaicano. Ha sido incluida en múltiples recopilaciones como Essential Jimmy Cliff, King of Kings: The Best of Jimmy Cliff, The Best of Beverley’s y aparece en algunas ediciones extendidas del álbum The Harder They Come. De igual manera, ha sido regrabada y reinterpretada por algunas de las agrupaciones más importantes del ska y el reggae, como The Skatalites junto con Prince Buster, Mato Seco o Brixton Sounds. Así mismo, aparece dentro del documental This is Ska, con el cual el género se presentó ante el mundo para promocionar la música jamaicana.

Más allá de su impacto musical, la canción ha resistido la prueba del tiempo como un documento cultural, que permite entender el espíritu de una época. En ella conviven el entusiasmo juvenil, la fe popular, la ambición política de una nueva nación, y la expresión estética de un nuevo género musical. Su legado no está solo en las notas y en el ritmo, sino en su capacidad de sintonizar con el pulso social, espiritual y político de la Jamaica de los años 60.


King of Kings es una obra seminal en la historia de la música jamaicana. Es el testimonio del talento precoz de Jimmy Cliff, un hito en la consolidación del ska como lenguaje cultural propio, y una pieza clave en la banda sonora de la Jamaica post-independencia. A través de su combinación de ritmo contagioso, lirismo espiritual y profundidad simbólica, la canción logra capturar las múltiples dimensiones de un momento histórico irrepetible.

Su importancia no radica únicamente en su calidad musical, sino en su función cultural como espejo de una sociedad que buscaba reconstruirse, afirmarse y proyectarse al mundo. En cada acorde y cada verso de King of Kings se escucha no solo la voz de un joven artista, sino la de toda una nación despertando a su identidad.

Fue una de esas figuras puente entre épocas, estilos y generaciones. Supo ser Paragon en los años sesenta, baladista en los setenta, voz política en los ochenta y leyenda en adelante. Escuchar a John Holt hoy es escuchar la historia viva del reggae en su forma más melódica y humana.



24 julio 2025

“Oh Carolina” – La canción que anticipó todo


Aunque muchos aficionados al reggae reconocen Oh Carolina por la versión de Shaggy que arrasó en 1993, la historia de esta canción se remonta a más de tres décadas antes y está profundamente ligada al surgimiento de la música popular jamaicana. Su grabación original, realizada en 1960 por The Folkes Brothers, no solo fue pionera por su sonido, sino que también marcó un momento decisivo en la forma en que Jamaica comenzó a definir su identidad musical.

El productor Prince Buster, en aquel entonces un joven aún poco conocido en la escena, fue quien impulsó esta grabación. Motivado por la idea de crear algo auténticamente jamaicano, se acercó a Count Ossie, uno de los primeros músicos rastafaris en promover el uso de los ritmos rituales del nyabinghi en contextos populares. Ossie accedió a colaborar, con la condición de que su estilo fuera respetado. La grabación se llevó a cabo con su grupo de tambores, acompañado por The Folkes Brothers, un trío conformado por los hermanos John, Mico y Junior Folkes.

El resultado fue una pieza que, aunque aún tenía elementos del R&B que dominaba la radio en Jamaica en los años previos a la independencia, introdujo una sonoridad radicalmente distinta. La base rítmica nyabinghi, unida a un acompañamiento minimalista —en el que posiblemente participaron Owen Gray al piano y Ronnie Bop en el bombo—, ofrecía una estructura repetitiva, hipnótica y profundamente ligada a la espiritualidad rastafari. El propio Prince Buster añadió aplausos e imitaciones vocales de metales, mientras los hermanos Folkes grabaron las voces en tan solo un par de tomas.

Para muchos estudiosos del género, Oh Carolina representa uno de los primeros momentos en los que la música jamaiquina se desmarcó conscientemente del molde estadounidense. Kevin O'Brien Chang, autor del libro Reggae Routes: The Story of Jamaican Music, señala que las primeras grabaciones hechas en la isla eran imitaciones de canciones norteamericanas, con poco contenido original. En contraste, Oh Carolina presentó un enfoque sonoro innovador que combinaba energía rítmica con raíz cultural. La interacción entre los tambores y las voces no solo introdujo una estructura nueva, sino que también permitió una forma de llamada y respuesta orgánica, ruda y profundamente local. Aunque no era ni ska, ni calipso, ni R&B, ni mento, la canción anticipaba un nuevo rumbo. Y si se pudiera señalar una sola canción que simbolice el nacimiento del reggae, esta sería una de las más firmes candidatas.

La importancia histórica de la canción se vio renovada en 1993, cuando Shaggy lanzó su propia versión. Fue un éxito internacional y apareció en la banda sonora de la película Sliver. Sin embargo, el uso de un sample del tema Peter Gunn de Henry Mancini provocó una disputa legal sobre la autoría de Oh Carolina. En un juicio en el Reino Unido en 1994, el tribunal dictaminó que John Folkes era el autor legítimo de la canción original. Desde entonces, se reconoció a Folkes como compositor oficial, aunque los créditos de la versión de Shaggy incluyeron también a Mancini debido al sample.

Más allá del éxito de esta nueva versión, el tema original fue por mucho tiempo la única grabación de los Folkes Brothers. Luego de su lanzamiento, los hermanos tomaron caminos distintos: Mico Folkes se trasladó a Estados Unidos para estudiar teología, John Folkes se doctoró en la Universidad de las Indias Occidentales y más tarde fue profesor en Canadá, mientras que Junior Folkes se mantuvo activo en la industria musical. Pasaron más de cincuenta años antes de que dos de ellos, Mico y Junior, se reunieran en 2011 para lanzar un nuevo álbum titulado Don’t Leave Me Darling, producido con el apoyo del músico e ingeniero Jah D. En este proyecto no participó John, pero marcó el retorno discográfico del grupo, medio siglo después de su irrupción con una de las canciones más influyentes en la historia de la música jamaicana.

Contrario a lo que a veces se afirma, Count Ossie no grabó una versión propia de Oh Carolina en su célebre álbum Grounation (1973), aunque su huella permanece en la versión original. Lo que sí está claro es que Oh Carolina no solo fue una canción de éxito: fue el punto de partida para toda una tradición musical que, desde entonces, ha dado forma al ska, al rocksteady, al reggae y más allá.




23 julio 2025

133 aniversario del nacimiento de Haile Selassie I


Haile Selassie I y su vínculo con el movimiento rastafari y la cultura musical jamaicana



Haile Selassie I, nacido como Tafari Makonnen el 23 de julio de 1892 en la provincia de Harar, Etiopía, es una figura central en la cosmovisión del movimiento rastafari. Coronado emperador de Etiopía el 2 de noviembre de 1930, bajo el título oficial de Negusa Nagast (“Rey de Reyes”), Selassie no solo desempeñó un papel fundamental en la política africana del siglo XX, sino que, paradójicamente, se convirtió en una figura mesiánica para un movimiento espiritual surgido en el Caribe: el rastafarismo. A 133 años de su nacimiento, resulta pertinente examinar el alcance de su figura tanto en términos religiosos como culturales, particularmente en relación con la música popular jamaicana.



Origen del culto rastafari y el papel mesiánico de Haile Selassie I

El movimiento rastafari emergió en Jamaica durante la década de 1930, en un contexto de pobreza estructural, colonialismo y discriminación racial. Inspirado por las enseñanzas del activista jamaicano Marcus Garvey —quien profetizó la coronación de un rey negro en África como señal de redención—, el rastafarismo identificó en Haile Selassie I al mesías prometido, la reencarnación viva de Jah (Dios), y al legítimo heredero de la línea davídica a través del rey Salomón y la reina de Saba.

Aunque Selassie nunca se autoproclamó divinidad, y de hecho negó explícitamente dicha condición en su visita a Jamaica en 1966, para muchos rastafaris su figura sigue siendo sagrada, y sus discursos, especialmente ante la ONU, son considerados textos doctrinales. El título “Ras Tafari” (príncipe Tafari) fue posteriormente adoptado como el nombre del movimiento, consolidando así la identificación entre el emperador etíope y la esperanza de redención africana.




Relación entre el rastafarismo y el reggae


Si bien el rastafarismo tiene raíces profundamente espirituales y filosóficas, su expansión global está intrínsecamente ligada a la música, en particular al reggae. En sus inicios, no obstante, existía una tensión interna: sectores ortodoxos consideraban al reggae como una manifestación capitalista y secular, ajena al culto auténtico del nyabinghi, la música ritual rastafari basada en tambores, cánticos y oraciones.

No obstante, a partir de la década de 1970, la conversión de figuras clave del panorama musical jamaicano al rastafarismo —como Bob Marley, Peter Tosh y Bunny Wailer— transformó al reggae en un vehículo de difusión espiritual, política y cultural. El reggae comenzó a incorporar referencias directas a Haile Selassie I, a la historia de Etiopía, al panafricanismo y a la crítica del sistema opresor conocido como “Babylon”.

La canción “War” de Bob Marley, por ejemplo, está basada literalmente en un discurso pronunciado por Selassie en la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1963, lo cual ejemplifica la centralidad del emperador en el contenido lírico del género. Este fenómeno permitió que el rastafarismo adquiriera visibilidad mundial, asociándose indisolublemente con la música popular jamaicana, aunque no sin matices y desacuerdos internos.




Mitos populares y malinterpretaciones sobre la religión rastafari


A lo largo de los años, la imagen del rastafarismo ha sido objeto de simplificaciones y malinterpretaciones. Es común, por ejemplo, asociar esta religión únicamente con el consumo ritual de cannabis o el uso de dreadlocks, prácticas que, aunque presentes, no constituyen el núcleo doctrinal del movimiento. El consumo de ganja, por ejemplo, es concebido como un sacramento espiritual por algunos grupos, pero rechazado por otros. Lo mismo ocurre con el uso de peinados naturales como expresión de rebeldía contra los valores estéticos coloniales.

Asimismo, persiste el error de suponer que el rastafarismo es una religión africana o etíope por origen, cuando en realidad se trata de una creación cultural afrocaribeña profundamente influenciada por las condiciones sociopolíticas de Jamaica en el periodo de entreguerras. Aunque Etiopía ocupa un lugar simbólico privilegiado como tierra prometida o “Sion”, el rastafarismo es, en términos históricos y sociológicos, un movimiento religioso poscolonial surgido en el Caribe.




Conclusión


El impacto de Haile Selassie I en la cultura contemporánea excede los límites de la historia política de África. Su figura, reinterpretada desde el Caribe como símbolo de divinidad, justicia y resistencia, ha sido fundamental en la construcción de una identidad espiritual afrodescendiente que, a través del reggae, ha alcanzado escala global. A su vez, el rastafarismo ha influido en la música, la estética, la lengua y la espiritualidad de millones de personas, configurando una red de sentidos que conecta religión, política y arte.


A más de un siglo de su nacimiento, la figura de Haile Selassie continúa siendo objeto de veneración, debate y estudio. Tanto en la liturgia rastafari como en las letras del reggae, su legado permanece activo, recordándonos que la espiritualidad también puede expresarse mediante la música y la resistencia cultural.





21 julio 2025

Duke Reid - 110 Aniversario de su nacimiento


Duke Reid, el arquitecto del ska y el rocksteady: 110 años de su nacimiento (1915–1975)


Arthur Stanley “Duke” Reid nació el 21 de julio de 1915 en el parroquia de Portland, Jamaica, y se convertiría en una de las figuras más decisivas en la historia de la música popular de la isla. Su legado abarca no solo el sonido que moldeó el ska, el rocksteady y las bases del reggae, sino también la consolidación de una industria musical moderna en Jamaica a través de sus producciones, su sello discográfico Treasure Isle y su legendario sound system Duke Reid’s the Trojan.



De la policía al dancehall: 
primeros años

Antes de transformarse en productor y operador de sound systems, Reid trabajó como oficial de policía durante más de una década. Era un hombre de fuerte carácter, conocido por su elegancia, su gusto por las armas y su sentido del orden. Tras dejar la policía, abrió junto con su esposa Lucille la Treasure Isle Liquor Store, una licorería ubicada en Bond Street, Kingston, que más tarde se convertiría en la base de operaciones para su emergente imperio musical.

Fue allí donde comenzaría a interesarse por la música grabada, en un contexto en el que la radio local ofrecía pocos espacios para los ritmos negros estadounidenses. Reid comenzó a importar discos de rhythm & blues desde Estados Unidos y poco después dio el salto al circuito local de sound systems, que se convertiría en el alma de las celebraciones callejeras en los guetos urbanos de Kingston.



Duke Reid’s The Trojan: 
el rey de los sound systems

En los años 50, Duke Reid se estableció como uno de los grandes operadores de sound systems de Jamaica, compitiendo directamente con otros pioneros como Coxsone Dodd. Su equipo se conocía como "Duke Reid’s the Trojan", nombre inspirado en la marca del camión británico (Trojan) que utilizaba para transportar su equipo de sonido.

En esas noches de “dancehall” callejero, la habilidad de Reid para seleccionar los mejores discos importados y su disposición para usar incluso armas de fuego para proteger su reputación le ganaron un respeto formidable. Las "sound clashes" entre sistemas rivales eran batallas sonoras y de prestigio, y Reid se convirtió en uno de sus campeones indiscutidos. Su música preferida era el rhythm & blues estadounidense, pero pronto comenzaría a producir su propio material.



El nacimiento de Treasure Isle y la era dorada del ska y el rocksteady

A mediados de los años 60, Reid ya era productor musical. Su primer sello fue Dutchess, pero alcanzó la consagración con el nacimiento de Treasure Isle Records, bautizado en honor a su tienda de licores. Desde ese momento, Duke Reid pasaría de ser un selector a un productor total: elegía canciones, dirigía las sesiones y controlaba el sonido final de las grabaciones.

Treasure Isle se convirtió en uno de los sellos más influyentes del ska y el rocksteady, compitiendo de igual a igual con Studio One. Reid tenía un oído prodigioso para los arreglos vocales y una marcada preferencia por los vientos melódicos, cuerdas suaves y voces armónicas. 

Bajo su dirección grabaron artistas legendarios como The Skatalites, quienes grabaron muchas de sus primeras piezas con él como productor; The Techniques, Justin Hinds & The Dominoes, Alton Ellis, Phyllis Dillon, The Melodians, The Paragons (con John Holt), The Maytals, antes de convertirse en Toots and the Maytals, también grabaron temas bajo su producción y U-Roy, quien a inicios de los años 70, popularizó el estilo deejay sobre riddims clásicos de rocksteady producidos por Reid, marcando el camino hacia el dub y el dancehall.



Legado y últimos años

Duke Reid era perfeccionista. Supervisaba meticulosamente las sesiones y era conocido por llevar pistolas al estudio, como símbolo de autoridad. Su legado no solo es musical, sino también estructural, ya que ayudó a consolidar el modelo de producción independiente en Jamaica y fue uno de los primeros en entender el potencial comercial de la música local.

Su preferencia estética influyó directamente en la transición del ska al rocksteady, un ritmo más lento, más introspectivo y más romántico, que sirvió de puente hacia el reggae. Aunque no fue un productor prolífico en la era roots de los años 70, sus riddims fueron reutilizados en versiones posteriores y sus grabaciones se mantuvieron como estándares en la cultura del revival.

A partir de 1974, Duke Reid enfermó gravemente y murió el 1 de enero de 1975, dejando atrás un catálogo impresionante y una huella imborrable en la historia de la música jamaicana.




Conclusión

A 110 años de su nacimiento, Duke Reid sigue siendo una figura monumental: pionero, innovador y guardián del sonido jamaiquino en evolución. Sin su impulso, la historia del ska, el rocksteady y el reggae sería otra. Fue más que un productor: fue el arquitecto sonoro de una era dorada, cuya influencia aún resuena en los sonidos que cruzan el Caribe y el mundo.




18 julio 2025

Treasure Isle Ska Rarities - 3 CD Set


En 2019, el sello Trojan Records lanzó una auténtica joya sonora para los amantes del ska clásico: Treasure Isle Ska Rarities, una caja de 3 CD que reúne grabaciones casi olvidadas del legendario productor Duke Reid. Este lanzamiento no solo rescata temas esenciales del ska jamaicano de los años 60, sino que también presenta versiones inéditas, rarezas y joyas que nunca antes habían sido editadas en CD.

Este proyecto se basa en una compilación previa de 7″ lanzada en 2017, pero la expande significativamente: incluye un total de 84 pistas, de las cuales 15 son inéditas, 44 hacen su debut en formato CD, y más de 20 no estaban disponibles desde hace más de una década. Todo el material fue grabado entre 1964 y 1966, justo en el periodo en que el ska vivía su máxima efervescencia y el estudio de Treasure Isle, en Bond Street, era uno de los epicentros del sonido isleño.

El set incluye temas de artistas fundamentales de la era como Stranger Cole, Derrick Morgan, Baba Brooks, The Zodiacs, Owen & Leon Silvera, Tommy McCook & The Supersonics y otros más, muchos de ellos con nuevas mezclas o tomas alternas. Es una radiografía sonora del vibrante espíritu creativo que definió el ska en su primera época dorada.

Además del contenido musical, la caja está excelentemente presentada en formato digipack e incluye un folleto de 12 páginas con fotografías de archivo y un extenso ensayo firmado por Brian Keyo, uno de los investigadores más respetados en la historia musical jamaicana. La remasterización es nítida y respetuosa con los matices originales de las grabaciones analógicas.

Aunque no fue un lanzamiento masivo, el álbum alcanzó posiciones destacadas en tiendas digitales como iTunes y Apple Music, y ha sido muy valorado por coleccionistas y melómanos por su contenido inédito y su cuidada edición.

En definitiva, Treasure Isle Ska Rarities es un testimonio poderoso del papel protagónico de Duke Reid en la consolidación del ska y un documento imprescindible para quienes desean explorar la historia profunda de la música jamaicana.

Lo que hace especial a este conjunto es que, a pesar de que estas grabaciones se produjeron en medio del vendaval del ska (entre 1964 y 1966), la calidad de la música es del más alto nivel, como cabría esperar de Duke Reid.

Si bien se ha hecho todo lo posible para garantizar que la fidelidad de audio de estas grabaciones sea del más alto nivel posible, debido a la calidad y el estado variables de las cintas maestras originales de Jamaica, persisten algunas anomalías en varias de las pistas incluidas en esta colección.






17 julio 2025

"Jamaica Ska" - El ritmo que puso a bailar al mundo entero


Pocas canciones pueden presumir haber transformado un género local en un fenómeno internacional. “Jamaica Ska” de Byron Lee & The Dragonaires es una de ellas. Con su energía contagiosa, su mensaje sencillo y su puesta en escena coreografiada, esta pieza no solo ayudó a popularizar el ska fuera de Jamaica, sino que lo convirtió en un símbolo de identidad cultural, alegría y orgullo nacional.

Lanzada en 1964, la canción fue compuesta por Keith Lyn y Ken Lazarus, dos miembros destacados de la banda dirigida por el carismático Byron Lee. A diferencia de otros exponentes del ska más crudo y callejero, más instrumental y con ingenio musical como The Skatalites o Prince Buster, Byron Lee optó por un sonido más pulido, accesible, dirigido a públicos internacionales. La producción fue cuidada y el ritmo —aunque igual de sincopado y bailable— tenía una elegancia que la hacía ideal para presentaciones en vivo, clubes nocturnos y transmisiones televisivas.

Desde sus primeros compases, “Jamaica Ska” establece lo esencial: este ritmo es para todos. No hace falta ser un experto en baile. Como reza la letra:


Not everybody can do the twist / but everybody can do the ska”.


La invitación es clara: bajar la cabeza, balancear los brazos, doblar las rodillas… y dejarse llevar. La canción incluso incluye instrucciones de baile, popularizadas en el escenario por el animador Ronnie Nasralla, y que fueron pieza clave en su expansión.

Musicalmente, la canción conserva todos los elementos clásicos del ska jamaiquino: una sección de metales brillante, guitarras en off-beat, y una base rítmica diseñada para el movimiento. Su mensaje, sin embargo, trasciende el baile. Es una afirmación de la Jamaica joven e independiente, que acababa de dejar atrás el colonialismo británico (en 1962) y buscaba afirmarse a través de su cultura. “Jamaica Ska” es, entonces, más que un simple tema festivo: es una declaración de estilo, un himno nacional alternativo, un grito de celebración y de autoestima caribeña.

El ska, nacido en los barrios populares de Kingston y nutrido por el mento, el rhythm & blues estadounidense y la tradición afrocaribeña, era en ese momento aún considerado “música de gueto”. Pero Byron Lee, con su banda mestiza y sofisticada, lo llevó a otro nivel. “Jamaica Ska” fue su carta de presentación al mundo, interpretada en giras por Estados Unidos y Canadá, incluso en una audición para el Ed Sullivan Show.

Apareció también en recopilaciones internacionales, bandas sonoras de películas como Back to the Beach (1987), y más notablemente en el documental "This Is Ska" (1964), donde puede verse a la banda tocando en el mítico Sombrero Club de Kingston, junto a leyendas como Jimmy Cliff, The Maytals y Prince Buster.

Más allá de su ritmo alegre y sus frases pegajosas, “Jamaica Ska” representa un momento cultural clave: la Jamaica independiente, joven, orgullosa y lista para conquistar el mundo a través de su música. La canción ha sido versionada por artistas como Jimmy Cliff y Desmond Dekker, por bandas como Fishbone o Tokyo Ska Paradise Orchestra, que le dieron un giro más funk y acelerado, y en América Latina destacan las versiones de los mexicanos Toño Quirazco y su orquesta Hawaiana y La Tremenda Korte.

Su legado permanece vivo en las pistas de baile, en las sesiones de DJ que exploran los clásicos del ska, y en la memoria colectiva de quienes descubren el género a través de sus canciones más emblemáticas.

En un mundo que parece olvidar el poder del ritmo como puente entre culturas, “Jamaica Ska” nos recuerda que basta con mover los pies y dejar que la música hable por nosotros. Porque si no todos pueden hacer el twist, sí todos pueden bailar ska.


“Bow your heads, swing your arms, bend your knees… do the ska”.




11 julio 2025

Treasure Isle Ska Rarities


Este álbum es una importante recopilación de temas grabados en el sello Treasure Isle, que fue lanzada el 27 de octubre de 2017 como una edición en vinilo de 10 sencillos en 7" y que se publicó como un Boxset.

Algunos temas presentan bandas de acompañamiento como The Skatalites, o Baba Brooks & His Band.

Esta compilación reúne canciones poco conocidas, tomas alternas y mezclas inéditas del catálogo de Treasure Isle.





10 julio 2025

"Rocksteady" - La canción que bautizó un género entero


¿Alguna vez te has preguntado cómo surgió el ritmo dulce y cadencioso que conquistó Jamaica a mediados de los años 60? La respuesta puede estar en una canción que no solo definió un nuevo sonido, sino que también le dio su nombre: Rocksteady, de Alton Ellis.

Para comprender su relevancia es necesario mirar atrás, al ska, el ritmo dominante en Jamaica durante la primera mitad de la década. El ska era veloz, efervescente y perfecto para acompañar el espíritu optimista de la reciente independencia, así como para alimentar la energía callejera de los rudeboys. Sin embargo, en el verano de 1966, el calor extremo tuvo una consecuencia inesperada: tanto músicos como bailarines comenzaron a sentir que ese tempo frenético era simplemente insostenible. El cuerpo pedía otra cosa. Así, por necesidad física y sensibilidad colectiva, comenzó a gestarse una transformación sonora.

El cambio se expresó en un ritmo más pausado, con líneas de bajo más prominentes, batería relajada y arreglos vocales más melódicos. Los instrumentos de viento, antes protagonistas, cedieron espacio a la guitarra rítmica en offbeat y al piano sincopado. Fue un cambio estructural y emocional. En ese contexto emergió el rocksteady, y con él, una nueva estética musical que terminaría siendo fundamental para el desarrollo posterior del reggae.

La leyenda sitúa el nacimiento simbólico de este género en el estudio Treasure Isle, propiedad del productor Arthur "Duke" Reid. Allí, durante una sesión de grabación, Alton Ellis —quien ya era una figura consolidada del ska— pidió a su bajista que ejecutara una línea más lenta y pesada. Al sentir el nuevo pulso, Ellis improvisó una frase que quedaría grabada en la historia:

"Better get ready, come do rock steady...". 

Ese estribillo espontáneo no solo se convirtió en el gancho de la canción, sino que dio nombre al género que nacía. Así lo relatan testimonios de músicos de la época y cronistas del desarrollo musical jamaicano.

Lanzada en 1967 bajo el sello Treasure Isle, Rocksteady se consolidó como la canción que marcó el cambio de época. Lejos de buscar complejidades líricas o reflexiones profundas, su mensaje era una invitación clara y directa a sumarse a una nueva forma de bailar y sentir la música. En su letra, Ellis menciona incluso a “Uncle Freddy”, aludiendo posiblemente al cantante y bailarín jamaicano Freddie McKay, popular en los circuitos juveniles. El espíritu de la canción es festivo, pero también celebratorio de una identidad en transformación.

Alton Ellis, con su estilo elegante y su tono vocal expresivo, fue clave en esta transición. Su sensibilidad melódica, influida por el soul y el R&B estadounidense, encontró en el rocksteady el espacio ideal para florecer. Temas como el amor, los celos, el deseo y la traición adquirieron nueva profundidad emocional cuando fueron interpretados con la calma y el ritmo envolvente de esta nueva corriente. No es casual que a Ellis se le conozca desde entonces como el “Padrino del Rocksteady”.

Aunque su periodo de mayor popularidad fue breve —entre 1966 y 1968— el impacto del rocksteady fue duradero. Sus estructuras musicales y su énfasis en el bajo se convirtieron en cimientos del reggae. Además, el enfoque vocal más íntimo del rocksteady dio pie a estilos como el lovers rock y el roots reggae, marcando profundamente el sonido jamaicano durante las décadas siguientes.

Pocas canciones tienen el privilegio de bautizar un género y marcar con tanta claridad un parteaguas musical. Rocksteady de Alton Ellis es una de ellas. No fue solamente una canción pegajosa ni una moda pasajera: fue una declaración cultural que cambió el curso de la música popular del Caribe. 

Hoy, más de medio siglo después, sigue sonando en pistas de baile, programas de radio especializados y colecciones de vinilo, como testimonio de aquella cadencia nueva que llegó para quedarse.





03 julio 2025

"Freedom Sounds" - Cuando el ska habló sin palabras


Hay canciones que no necesitan palabras para gritar verdades profundas. Y “Freedom Sounds”, composición instrumental de The Skatalites publicada en 1965 bajo el sello Studio One, es una de esas obras que hablan a través de los vientos, del ritmo y de la historia misma. Aunque no articula una sola frase, su mensaje de emancipación, orgullo e identidad jamaiquina resuena con una claridad imponente. Compuesta por el legendario saxofonista Tommy McCook, la pieza no sólo es un emblema del ska instrumental, sino también una declaración musical del espíritu de una nación que apenas comenzaba a andar con sus propios pies tras siglos de dominación colonial.

Cuando Jamaica alcanzó su independencia del Imperio Británico en 1962, la isla vivía una efervescencia que se reflejaba en la política, en la vida cotidiana y por supuesto, en la música. El ska, género que surgía de la fusión entre el mento y calypso locales con el rhythm & blues estadounidense, se convirtió en la banda sonora de este nuevo capítulo nacional. En ese contexto nace “Freedom Sounds”, una pieza que —como su nombre indica— es más que una canción: es una afirmación sonora de libertad, tanto en lo político como en lo espiritual y lo musical. McCook, que venía influenciado por los grandes del jazz modal como John Coltrane, Sonny Rollins o Miles Davis, dotó a la composición de una profundidad emocional pocas veces vista en el ska de la época, que por lo general tendía hacia lo festivo y lo bailable.

La música de The Skatalites fue el laboratorio donde se gestó el sonido de una nueva Jamaica. Eran una especie de “all stars” de músicos de sesión que, bajo la dirección de figuras como McCook, Don Drummond, Roland Alphonso, Jackie Mittoo y Lloyd Brevett, lograron articular una identidad sonora colectiva. “Freedom Sounds” es prueba de esa madurez estilística: abre con una introducción solemne, cargada de emoción contenida, que luego da paso a un ritmo sincopado donde la sección de metales —en especial el saxofón de McCook— lleva el protagonismo melódico. No hay prisa, no hay necesidad de artificios. Todo fluye con naturalidad y con una fuerza interior que comunica más que cualquier letra. El bajo marca la base con firmeza, la guitarra mantiene el característico “skank” en offbeat, y los metales se elevan como una plegaria laica en nombre de la dignidad.

Musicalmente, “Freedom Sounds” puede ser leída como un punto de inflexión entre el ska más alegre y la transición hacia el rocksteady, donde el tempo comienza a relajarse y el espacio sonoro se vuelve más introspectivo. Pero también representa algo más profundo: la búsqueda de raíces, de un lenguaje sonoro propio que no fuera mera imitación de los sonidos foráneos. El título no es gratuito: al nombrarla así, McCook está diciendo que la música misma puede ser un vehículo de liberación, una forma de decir “somos libres” sin necesidad de retórica política. Es un acto poético de autodeterminación cultural.

En términos culturales, “Freedom Sounds” fue, y sigue siendo, un símbolo de afirmación. Durante décadas ha sido versionada por bandas de ska-jazz, de third wave, por orquestas modernas que encuentran en su estructura un campo fértil para la improvisación. 

Su legado atraviesa generaciones: de los sound systems del downtown kingstoniano a las academias de música donde se estudia la historia del jazz y sus ramificaciones caribeñas. Incluso su nombre ha sido adoptado por sellos discográficos como el de Cedric Brooks, como una forma de rendir homenaje al espíritu que encarna la canción. Su influencia va más allá de lo musical: se ha convertido en una referencia conceptual, un faro que muestra cómo el arte puede ser al mismo tiempo memoria, resistencia y futuro.

En las escenas globales del ska tradicional, es considerada una pieza fundamental del canon instrumental, comparada en importancia con Guns of Navarone o Eastern Standard Time.

A diferencia de otras canciones de ska más festivas, Freedom Sounds transmite una sensación de introspección, dignidad y esperanza. No es un llamado al baile desenfrenado, sino al reconocimiento profundo de una libertad conquistada.

Y es que pocas veces un instrumental ha dicho tanto. “Freedom Sounds” es una cápsula sonora de la Jamaica postcolonial: orgullosa, compleja, diversa, profundamente conectada con sus raíces africanas y con una mirada puesta en la emancipación total, no solo política, sino también cultural. Es una de esas piezas que no envejecen porque hablan desde un lugar universal: la necesidad de que nuestras voces —incluso las que se expresan sin palabras— sean escuchadas, reconocidas y celebradas.

Aunque no tenga letra, Freedom Sounds habla. Lo hace desde los metales, desde el tempo y desde el contexto histórico. Es una de esas composiciones que condensan en unos minutos el espíritu de una época, la búsqueda de identidad de un pueblo, y la potencia expresiva de la música instrumental.





01 julio 2025

1 de julio - Día Internacional del Reggae


Una música nacida de la resistencia que se convierte en patrimonio del mundo.


Cada primero de julio, distintas comunidades del mundo celebran el Día Internacional del Reggae, una fecha para rendir homenaje a uno de los géneros musicales más influyentes, profundos y transformadores del siglo XX: el reggae. Desde su origen en los barrios humildes de Kingston hasta su reconocimiento como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, el reggae ha cruzado fronteras, generaciones e idiomas, llevando consigo un mensaje de justicia, espiritualidad y dignidad humana.



¿Cómo nació esta conmemoración?

El Día Internacional del Reggae fue propuesto por Andrea Davis, periodista y productora cultural jamaicana, como parte de una iniciativa para visibilizar el impacto del reggae en la cultura global. El 1 de julio fue escogido como el día oficial desde 1994, en coordinación con el Ministerio de Cultura de Jamaica, y desde entonces se ha convertido en una celebración internacional que incluye conciertos, foros académicos, documentales, exposiciones y transmisiones en vivo desde Kingston y otras partes del mundo.

Este día no busca solo exaltar lo musical, sino también reconocer el reggae como una herramienta cultural y social, capaz de generar conciencia y empoderamiento en comunidades oprimidas, en Jamaica y en cualquier rincón del planeta.



Más que música: un movimiento

El reggae no es solo un género musical. Es una expresión de lucha, de identidad africana, de espiritualidad rastafari, de denuncia social y también de amor. Artistas como Bob Marley, Peter Tosh, Burning Spear o Toots Hibbert se convirtieron en una plataforma para hablar de opresión, libertad y esperanza.

En 2018, la UNESCO reconoció al reggae como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, destacando su contribución a la conciencia internacional sobre temas de injusticia, resistencia, amor y humanidad.



Reggae como espiritualidad y filosofía.

Uno de los aspectos fundamentales del reggae es su conexión con el rastafarismo, una corriente espiritual afrocaribeña que reconoce a Haile Selassie I como símbolo de resistencia y redención africana. A través del reggae, el rastafarismo se internacionalizó, llevando consigo ideas como el repudio al “Babylon” (sistema opresor), la importancia del “livity” (forma de vida consciente) y la utopía del “Zion” (un lugar de liberación y paz).

Cabe destacar que no todos los artistas de reggae son rastas, pero la cosmovisión rastafari moldeó profundamente las letras, el lenguaje, la estética y los valores del género. Esta dimensión espiritual es una de las razones por las que el reggae sigue tocando el alma de personas muy distintas en contextos sociales diversos.



Más que una celebración: un llamado a la reflexión

El Día Internacional del Reggae no es solo un evento cultural o musical. Es una oportunidad para recordar por qué esta música sigue vigente, por qué las palabras de Bob Marley, Burning Spear o Linton Kwesi Johnson siguen resonando.

Es también una invitación a revisar cómo la industria, los medios, e incluso los fans, a veces reducen el reggae a una estética sin comprender su dimensión profunda. Celebrarlo también implica cuestionar, estudiar, escuchar más allá del ritmo.

El reggae no es solo un género musical. Es un testimonio vivo de cómo la música puede denunciar, curar, unir y transformar. Porque como dice el dicho:


El reggae no es solo música. Es una misión.