21 septiembre 2025

U-Roy - 83 aniversario de su nacimiento


El 21 de septiembre de 1942 nació en Kingston, Jamaica, Ewart Beckford, el hombre que el mundo conocería como U‑Roy. Su nombre artístico surgió de una forma cariñosa de decir “Ewart” y con el tiempo se volvió sinónimo de revolución en la música jamaicana. Con su distintivo estilo vocal de rimas habladas, rítmicas y melódicas sobre pistas instrumentales, U‑Roy se convirtió en uno de los pioneros del toasting, el arte de hablar o cantar sobre versiones dub de canciones, que más tarde daría origen al dancehall y tendría fuerte influencia en el hip‑hop.

Desde muy joven, U‑Roy estuvo inmerso en la cultura del sound system, un fenómeno musical único de Jamaica que fue el caldo de cultivo de los grandes artistas del reggae. En los años 60 empezó a trabajar con King Tubby, uno de los grandes innovadores del dub, en el sound system Hometown Hi-Fi. Allí perfeccionó su estilo como deejay, improvisando letras sobre las versiones instrumentales de canciones populares, con un fraseo suave, cadencioso y lleno de carisma.

Su carrera dio un salto monumental en 1970, cuando firmó con el productor Duke Reid del legendario sello Treasure Isle. De esa colaboración surgieron éxitos como “Wake the Town”, “Rule the Nation” y “Wear You to the Ball”, que no solo dominaron las listas en Jamaica, sino que introdujeron al público en general al estilo vocal del toasting, antes reservado casi exclusivamente al ambiente de los sound systems.

Con el álbum Version Galore (1971), U‑Roy cimentó su lugar en la historia de la música reggae. Pero su fama internacional se consolidó con el aclamado Dread in a Babylon (1975), producido por Tony Robinson para Virgin Records. Con temas como “Runaway Girl” y “Chalice in the Palace”, su voz se hizo reconocible para audiencias de Europa y América, abriendo el camino a la expansión global del reggae.

Más allá de su éxito como solista, U‑Roy también dejó una huella profunda en la cultura musical jamaicana como mentor y promotor. Fundó su propio sound system, Stur Gav, en los años 70, plataforma que sirvió para lanzar las carreras de grandes deejays como Charlie Chaplin, Josey Wales y Brigadier Jerry. Su influencia puede rastrearse no solo en el desarrollo del dancehall moderno, sino también en la música urbana global.

Su estilo sentó las bases de la figura del MC o rapero moderno. El arte del toasting de U‑Roy fue una fuente de inspiración para los pioneros del hip-hop en Nueva York, especialmente en las comunidades afrocaribeñas del Bronx, donde los sound systems jamaiquinos ya se habían establecido como parte de la vida nocturna.

En sus últimos años, U‑Roy siguió grabando y presentándose internacionalmente. Su álbum póstumo Solid Gold U-Roy fue lanzado en 2021 y contó con colaboraciones de artistas como Santigold, Ziggy Marley, Shaggy y Big Youth, en una especie de homenaje coral a su legado. Ese mismo año, el 17 de febrero, U‑Roy falleció a los 78 años, dejando tras de sí una obra inmortal.

Hoy, en el aniversario de su nacimiento, recordamos a U‑Roy como “The Originator”, el maestro del micrófono que revolucionó la forma de hacer música en Jamaica y cuya voz sigue resonando en las raíces del reggae, el dancehall y más allá. Su influencia no solo se escucha: se siente, se vive y se celebra.






19 septiembre 2025

Down Beat Special


El Down Beat Special, es un álbum lanzado por el sello Soul Jazz Records es un interesante recopilatorio de "grandes éxitos" capturados por el gran Studio One. Originalmente salió a la luz en la década de los 60 en formato LP, sin embargo no volvió a ser lanzado sino hasta 2024 ya en formato CD. El álbum funciona como una compilación de algunos de los éxitos mas importantes del sello jamaicano de la década de los 60.

La selección de temas incluye piezas como "Nice Up The Dance" de Michigan y Smiley, "No, No, No" de Dawn Penn, "Simmer Down" de The Wailers, "Queen of the Minstrels" de The Eternals, entre otros. El especial Down Beat es una introducción esencial a Studio One Records.

Originalmente lanzado como una edición limitada única en formato box set de 7", esta nueva edición en formato CD está completamente remasterizada y ampliada con 18 cortes excepcionales del imperio Studio One.

Con la participación de The Skatalites, Jackie Mittoo, Bob Marley & The Wailers, Horace Andy, Alton Ellis, Lone Ranger y muchos más, el álbum incluye temas clásicos y poco comunes.


11 septiembre 2025

"Punky Reggae Party" - Cuando la rebelión sonó a un mismo tiempo


A finales de los años 70, Londres era un hervidero. Las tensiones raciales, el desempleo, la brutalidad policial y la frustración social daban forma a una juventud marginada, sin futuro claro, pero con una energía arrolladora que buscaba expresión. En ese contexto surgieron, casi como hermanos separados al nacer, dos movimientos aparentemente distintos pero profundamente conectados: el reggae roots jamaicano y el punk británico. La canción “Punky Reggae Party”, escrita e interpretada por Bob Marley & The Wailers en 1977, fue más que un simple tema musical: fue una declaración cultural, una alianza simbólica, un manifiesto sonoro que invitaba a la unidad rebelde de los oprimidos.

El origen de esta canción se encuentra en la estancia temporal de Bob Marley en Inglaterra. En diciembre de 1976, había sufrido un intento de asesinato en Jamaica, días antes de su participación en el Smile Jamaica Concert. Herido, decidió abandonar temporalmente su país natal y se instaló en Londres, donde fue testigo directo del nacimiento del movimiento punk, caracterizado por su estética desaliñada, sus letras de confrontación y su actitud antisistema. A pesar de las diferencias musicales evidentes, Marley percibió algo esencial: los punks y los rastas tenían un enemigo común. Ambos grupos eran marginados por el sistema, rechazaban las estructuras impuestas, y buscaban en la música una herramienta de denuncia, resistencia y afirmación identitaria.

En ese espíritu nació “Punky Reggae Party”, una canción que rompía con las barreras raciales, culturales y estilísticas, y proponía una convergencia explosiva entre dos mundos rebeldes. Con producción de Lee “Scratch” Perry, la canción mantiene una base de reggae roots, profunda y envolvente, pero con una cadencia más ágil, casi festiva, que sugiere una celebración de la disidencia. En ella, Marley no sólo expresa una apertura musical, sino que menciona directamente a bandas clave del punk y la new wave británica como The Clash, The Jam, The Damned y Dr. Feelgood, junto a referentes del reggae como Toots and the Maytals y, por supuesto, su propia agrupación, The Wailers.

El gesto era político, no sólo estético. Marley estaba enviando un mensaje: la lucha no tiene un solo ritmo, y las juventudes rebeldes del mundo podían (y debían) reconocerse mutuamente. En un tiempo donde la música negra y la música blanca solían ocupar espacios separados, él propuso una “fiesta punky reggae” donde no había lugar para los “aburridos vejestorios” del viejo orden, sino para quienes usaban la música como bandera contra la opresión.

“Punky Reggae Party” fue lanzada como lado B del exitoso sencillo “Jamming”, en 1977, bajo Island Records, aunque también fue distribuida en versión 12 pulgadas con mezcla extendida, muy popular en los sound systems de la época. A pesar de no alcanzar la masividad de otros éxitos de Marley, la canción se convirtió en un himno alternativo, especialmente en el Reino Unido, donde jóvenes blancos y negros comenzaban a compartir espacios culturales, a pesar del racismo estructural que los rodeaba. De hecho, muchos especialistas consideran que este tipo de intercambios musicales y simbólicos prepararon el terreno para el surgimiento de sellos como 2 Tone Records y el movimiento two-tone, que desde Coventry popularizaría una fusión de ska, punk y reggae cargada de mensaje antirracista y espíritu multicultural.

“Punky Reggae Party” no es sólo una canción, sino un retrato de un momento histórico. Es testimonio de cómo la música puede tender puentes allí donde otros construyen muros. Es, en última instancia, una lección de Marley al mundo: la revolución no solo se hace con rifles ni con consignas, también se baila, se canta, se comparte. Porque cuando los ritmos rebeldes se encuentran, el sistema tiembla.




04 septiembre 2025

"One in Ten" - UB40 y el reggae que puso rostro a una crisis

Cuando se habla de reggae británico de los años ochenta, hay canciones que trascienden lo musical para convertirse en documentos sociales, y "One in Ten" de UB40 es una de ellas. Publicada en julio de 1981 dentro de su segundo álbum Present Arms, marcó un antes y un después no solo para la banda, sino para la forma en que el reggae podía dialogar con las problemáticas más duras de la Inglaterra de entonces. El título era directo: uno de cada diez trabajadores estaba en paro. El dato, frío y estadístico, se convirtió en el eje de una pieza que logró colarse en el Top 10 británico y que aún hoy se recuerda como un emblema de aquella primera etapa combativa del grupo.

El contexto económico explica buena parte de su fuerza. Entre 1979 y 1982 la tasa de desempleo del Reino Unido prácticamente se duplicó, pasando de poco más del 5% a superar el 10%, con regiones industriales como Birmingham especialmente golpeadas por el cierre de fábricas y la reconversión industrial. 1981 fue un año particularmente duro: disturbios en Brixton, Toxteth y otras ciudades mostraban el estallido social de una población joven, obrera y racializada que se veía arrinconada por un sistema económico que ya no la necesitaba. La cifra del diez por ciento de desempleo se repitió en periódicos, noticieros y debates parlamentarios, y fue ese dato el que UB40 decidió convertir en canción.

Lo interesante es que la banda no hablaba desde la distancia. Provenientes todos de barrios obreros de Birmingham, los músicos habían vivido en carne propia la experiencia del desempleo. El nombre mismo del grupo alude al formulario oficial UB40, que debían rellenar quienes solicitaban la prestación por desempleo. En otras palabras, ellos mismos habían sido ese "uno de cada diez". Esta identidad no era decorativa: estaba en la raíz de su proyecto musical. UB40 nació como un colectivo multirracial que veía en el reggae no solo un estilo sonoro, sino un vehículo para narrar la vida de quienes el sistema prefería silenciar.

En el terreno político, "One in Ten" se inscribe en la resistencia cultural a las políticas de Margaret Thatcher. Su gobierno había iniciado una agenda neoliberal de recortes, privatizaciones y debilitamiento de los sindicatos. Aunque la letra no la menciona directamente, los contemporáneos entendieron enseguida la alusión: la recesión, la desindustrialización y el desempleo masivo eran consecuencias inmediatas de ese programa. La literatura académica ha señalado esta canción, junto con otras del mismo álbum, como parte de un corpus crítico contra el thatcherismo. Y en entrevistas posteriores, miembros de UB40 han recordado que se sentían vigilados, que MI5 les intervenía los teléfonos y que la banda no tenía miedo de lanzar canciones de protesta como “Madam Medusa”, un ataque frontal a la figura de Thatcher.

La letra de “One in Ten” es sencilla y devastadora. La voz en primera persona dice “yo soy el uno de cada diez”, encarnando no solo al desempleado, sino al alcohólico, al sin techo, al adicto, al suicida. Es una voz colectiva que se multiplica en todas las exclusiones sociales que no aparecen en los titulares. El recurso literario de hablar en primera persona acerca al oyente y lo obliga a compartir la posición del marginado. De ese modo, la canción convierte un dato abstracto en experiencia concreta, una cifra en un cuerpo.

En lo musical, la pieza se construye sobre una base de reggae roots con un tempo medio-lento. El bajo marca el pulso con un peso casi hipnótico, mientras la batería mantiene un patrón contenido, con ecos del one-drop jamaicano. Los teclados de Michael Virtue añaden texturas cálidas y repetitivas que envuelven la voz principal de Ali Campbell. Pero son los metales, sobre todo el saxofón de Brian Travers, los que elevan la canción: su fraseo melancólico funciona como un lamento que atraviesa todo el tema. El resultado es un paisaje sonoro austero, grave y profundamente coherente con la historia que se narra.

La producción corrió a cargo de Ray "Pablo" Falconer, cuñado de Ali Campbell y figura crucial en el sonido temprano de UB40. En el estudio The Music Centre de Wembley se aplicaron recursos propios del dub: reverberaciones, ecos, silencios y retornos estratégicos. La mezcla privilegió la sección rítmica, pero permitió que las voces y los metales mantuvieran nitidez. El resultado fue un sencillo que, aunque accesible al público general, conservaba la densidad sonora del dub jamaicano, adaptada al pop británico sin perder fuerza.

La edición también fue peculiar. En Reino Unido, "One in Ten" apareció como doble cara A junto con “Present Arms in Dub”, lo que revelaba la intención de la banda: mostrar la versión canción-protesta y, a la vez, su espejo instrumental y experimental. El gesto evidenciaba que para UB40 el lenguaje del dub no era un adorno, sino parte integral de su mensaje político. En otros países se publicaron lados B distintos, pero la edición británica es la que mejor refleja la lógica estética del grupo.

En términos comerciales, el impacto fue inmediato: se convirtió en el cuarto Top 10 del grupo en Reino Unido y reforzó la idea de que UB40 podía ser popular sin sacrificar contenido político. La paradoja es evidente: una canción que denunciaba la invisibilidad del desempleo masivo se volvía omnipresente en radio y televisión, logrando que ese tema ingresara al espacio mediático mainstream.

Comparada con otras piezas contemporáneas, como "Ghost Town" de The Specials o "Stand Down Margaret" de The Beat, "One in Ten" se distingue por su tono menos irónico y más empático. Mientras las otras usaban sátira o retratos apocalípticos, UB40 eligió dar voz al número, hablar desde la estadística transformada en individuo. En el coro de protestas sonoras contra la Inglaterra de Thatcher, esta canción se convirtió en la que humanizaba de manera más clara la devastación social.

El testimonio de la propia banda años después refuerza esta lectura. Ali Campbell ha recordado que no solo escribían sobre paro, sino sobre todo un clima de vigilancia y represión. La frase célebre de Thatcher, "no existe tal cosa como la sociedad", contrastaba brutalmente con una canción que repetía lo contrario: sí existe, y son los millones de parados, enfermos y marginados reducidos a estadísticas.

En el marco del reggae británico, "One in Ten" tuvo un papel crucial. UB40 era una banda multirracial en un Reino Unido que aún lidiaba con tensiones raciales y disturbios urbanos. Su reggae, aunque enraizado en la tradición jamaicana, hablaba directamente desde la experiencia inglesa. Con ello, crearon un puente entre la diáspora y la clase obrera local, y mostraron que el reggae podía ser tanto un sonido identitario como un lenguaje político universal.

La historia del tema no terminó en los ochenta. En 1992, el grupo de electrónica 808 State lanzó junto a UB40 un remix de "One in Ten" que llevó la voz y el saxofón original a un nuevo paisaje techno-ambient. Contra todo pronóstico, esta versión volvió a entrar en el Top 20 británico, demostrando que el mensaje y la melodía podían trascender generaciones y estilos. Fue, además, un ejemplo temprano de cómo el mash-up y la relectura electrónica podían revitalizar canciones de protesta.

La importancia de "One in Ten" también se entiende a través de su álbum espejo, Present Arms in Dub, publicado pocos meses después. Este disco fue el primer álbum de dub en alcanzar el Top 40 británico, un logro histórico que muestra cómo UB40 logró normalizar un lenguaje sonoro experimental y convertirlo en parte del mainstream. El dub, que en Jamaica era laboratorio de estudio, se convirtió en el Reino Unido en vehículo de crítica social accesible a las masas.

Hoy, con la perspectiva del tiempo, la canción sigue funcionando como documento de época. El legado del thatcherismo incluye un aumento pronunciado del desempleo, la profundización de la desigualdad y una huella cultural que aún se discute. Escuchar "One in Ten" es recordar cómo se sentía ese momento: un país en crisis, una juventud desilusionada y una banda que decidió tomar las estadísticas oficiales y devolverlas convertidas en un lamento colectivo.

One in Ten es, en definitiva, una conjunción rara de forma y fondo. Su estructura sobria, su bajo omnipresente, sus ecos de estudio y su melancólico saxofón le dan una gravedad única; su letra, construida en primera persona, transforma la cifra en sujeto. Histórica y culturalmente, fijó para siempre el sonido del desempleo en la Gran Bretaña de los primeros ochenta y elevó el estándar del reggae político hecho en Europa. Más de cuatro décadas después, su eco sigue recordando que detrás de cada número hay un rostro, una voz y una vida.