27 agosto 2025

27 de agosto: Aniversario luctuoso de Haile Selassie I, el último emperador de Etiopía


El 27 de agosto de 1975 falleció en circunstancias poco esclarecidas una de las figuras más enigmáticas y trascendentales del siglo XX: Haile Selassie I, emperador de Etiopía entre 1930 y 1974, símbolo de resistencia africana, arquitecto del panafricanismo moderno y figura espiritual para millones de personas en la diáspora afrodescendiente. Su muerte marcó el fin definitivo de una era milenaria en Etiopía, y su figura —entre la historia y la leyenda— ha seguido creciendo en relevancia política, cultural y espiritual.

Haile Selassie había sido depuesto por una junta militar conocida como el Derg en septiembre de 1974, en un contexto de crisis política, descontento popular, hambrunas devastadoras, presión internacional y demandas de reforma social. Tras su derrocamiento, fue mantenido en arresto domiciliario en el palacio de Menelik, donde el 27 de agosto de 1975 se anunció su muerte. Las autoridades del Derg afirmaron que había fallecido por causas naturales, pero múltiples testimonios apuntan a que fue asesinado por órdenes directas del régimen, y su cuerpo enterrado en secreto dentro del complejo palaciego. Durante años, su muerte fue rodeada de silencio, opacidad y represión, mientras la junta intentaba erradicar todo rastro del antiguo régimen imperial.

Sin embargo, su legado fue imposible de borrar. En la memoria colectiva de África y de la diáspora negra, Selassie encarnaba mucho más que un emperador. Era el soberano que había defendido la independencia de Etiopía frente al colonialismo europeo; el líder que había denunciado ante el mundo la barbarie fascista en su célebre discurso de 1936 en la Sociedad de Naciones; el impulsor de una visión panafricana que se concretó con la fundación de la Organización para la Unidad Africana; el gobernante que había procurado una modernización institucional en el marco de una monarquía teocrática, y que, a pesar de sus errores y contradicciones, fue símbolo de dignidad en tiempos de dominación y racismo globalizados.

Pero su muerte no sólo fue sentida en los círculos políticos. En Jamaica y otros puntos del Caribe, donde el movimiento rastafari lo reconocía como el Mesías y encarnación viva de Jah, su fallecimiento fue interpretado de múltiples maneras: unos lo negaron rotundamente, afirmando que Selassie había trascendido la carne y aún vivía en espíritu; otros lo asumieron como una prueba divina para la fe de los creyentes. Su figura espiritual se mantuvo intacta, y su imagen —con su corona, su túnica y su mirada firme— continuó siendo venerada por miles de fieles rastas. En muchas casas, altares y ceremonias, el día de su muerte se conmemora no como una pérdida, sino como una transición.

En 1992, tras la caída del régimen del Derg, su cuerpo fue recuperado del lugar donde había sido enterrado secretamente. En el año 2000, finalmente, se le rindieron honores fúnebres con una ceremonia oficial en la catedral de la Santísima Trinidad de Addis Abeba. Allí reposan hoy sus restos, como símbolo de una historia que no fue borrada ni por la violencia ni por la propaganda. A 50 años de su muerte, Haile Selassie I sigue siendo evocado por líderes africanos, por músicos de reggae, por historiadores, por espirituales rastas, por activistas y por pueblos que ven en él una encarnación de soberanía, dignidad, resistencia y visión.

Recordar su muerte no es sólo rememorar el fin de un monarca, sino rendir homenaje a una de las personalidades que más marcaron la historia moderna de África y su diáspora. Su legado, aunque complejo y lleno de matices, sigue iluminando los caminos de aquellos que buscan justicia, libertad, espiritualidad africana y autodeterminación.




21 agosto 2025

"How Long Will It Take" - La balada que redefinió el rocksteady y anticipó el lovers rock


En 1969, en un momento crucial para la música jamaicana, Pat Kelly lanzó How Long Will It Take, una canción que se convertiría en un referente del rocksteady tardío y un precursor del lovers rock. Producida por Bunny Lee, uno de los productores más influyentes de Jamaica, la canción destacó por su delicada fusión de estilos y su innovador uso de arreglos, especialmente por incorporar cuerdas, un elemento poco habitual en la producción jamaicana hasta ese momento.

La grabación se realizó en un contexto de grandes cambios musicales y sociales: Jamaica había alcanzado la independencia apenas unos años antes (1962) y vivía una etapa de transición cultural donde la música empezaba a explorar nuevas sensibilidades más suaves y melódicas, alejándose del ska acelerado y acercándose a expresiones románticas y introspectivas. How Long Will It Take refleja esa búsqueda de un sonido más pulido y elegante.

Sonoramente, la canción es una joya de sutilezas. La base rítmica mantiene las raíces del rocksteady —con su tempo pausado y acentuación en los contratiempos— pero el arreglo orquestal de cuerdas le añade un aire de sofisticación. Este recurso, más común en la música soul estadounidense, conectaba a la canción con la influencia de artistas como Curtis Mayfield, cuya sensibilidad melódica y uso del falsete también se perciben en la voz de Kelly.

El falsete de Pat Kelly se vuelve aquí una herramienta expresiva fundamental. No es un falsete estridente ni superficial, sino un tono aterciopelado y perfectamente afinado que transmite vulnerabilidad y anhelo, características que consolidan la identidad del lovers rock, un subgénero que en los años siguientes tomaría fuerza en Jamaica y Reino Unido.

En cuanto a la letra, How Long Will It Take es una balada romántica que expresa la espera y la incertidumbre ante un amor no correspondido o distante. Su mensaje sencillo pero profundo, unido a la emotividad vocal, logra conectar con el oyente desde lo íntimo, reflejando no solo una experiencia personal sino un estado de ánimo colectivo de esa generación que buscaba en la música refugio y esperanza.

La canción también tiene un trasfondo social: a finales de los sesenta, Jamaica experimentaba un crecimiento urbano acelerado, desigualdades y tensiones raciales que, si bien no aparecen directamente en esta canción, influyeron en el cambio de enfoque musical hacia lo personal y lo romántico como forma de escape y expresión. Además, la conexión cultural con Estados Unidos y Reino Unido —vía migración y medios— permitió que músicos como Kelly absorban elementos del soul y pop internacional, transformándolos con su sello local.

How Long Will It Take fue un éxito rotundo en Jamaica, convirtiéndose en uno de los singles más vendidos de 1969. Su impacto fue más allá de las listas locales: la canción abrió el camino para que otros artistas jamaicanos apostaran por producciones más elaboradas y temas románticos en reggae, anticipando la popularidad que tendría el lovers rock en la década siguiente, especialmente en Londres, donde la comunidad jamaicana buscaba mantener viva su identidad musical con nuevas expresiones.

La producción de Bunny Lee en esta canción también es digna de mención, pues supo combinar tradición e innovación con sensibilidad, apoyando la voz de Kelly y los arreglos orquestales sin saturar el sonido. La colaboración entre productor y cantante fue clave para crear un tema atemporal que hoy sigue vigente en compilaciones, playlists y covers.

En suma, How Long Will It Take es más que una balada romántica: es un símbolo de transformación musical y cultural, un puente entre el rocksteady clásico y el reggae de corte más suave y melódico. La voz de Pat Kelly y la cuidadosa producción crearon una obra que trascendió décadas, influenciando a generaciones y recordándonos la riqueza expresiva del reggae en sus múltiples facetas.




15 agosto 2025

Reggae Anthology: Randy’s 50th Anniversary


Publicado en octubre de 2008, Reggae Anthology: Randy’s 50th Anniversary es una compilación de 2 CD más un DVD que conmemora el medio siglo de existencia de Randy’s Records, uno de los sellos y estudios más influyentes de Jamaica. El material fue editado por VP Records dentro de su serie Reggae Anthology, conocida por rescatar y documentar momentos clave de la música jamaicana. 

Las 50 pistas seleccionadas abarcan grabaciones realizadas entre 1960 y 1976, ofreciendo un panorama sonoro que va desde los primeros compases del ska y el rocksteady, hasta el reggae consolidado de mediados de los años setenta.

El primer disco (pistas 1 a 25) reúne grabaciones de 1960 a 1971, con artistas como Lord Creator, The Skatalites, Bob Marley & The Wailers, Peter Tosh y otros nombres fundamentales en la transición del ska al reggae. El segundo disco (pistas 26 a 50) cubre el periodo 1971-1976, incluyendo a Augustus Pablo, Dennis Brown, Gregory Isaacs, Black Uhuru, Alton Ellis, Carl Malcolm —con su popular Fattie Bum Bum— y Big Youth, entre otros.

El DVD que acompaña la edición añade un valor documental significativo, con material visual de archivo que ofrece una mirada directa a la época y a la labor de Randy’s como centro de grabación y distribución musical.


14 agosto 2025

“Jungle Music” - Del hotel en Ocho Ríos al corazón del 2-Tone británico


Hay canciones que parecen haber nacido en el lugar y momento perfectos para representar un estilo, una escena o una época. Jungle Music, grabada por Rico Rodríguez con el respaldo de The Special A.K.A., es uno de esos temas que se sienten inevitablemente ligados al espíritu del 2-Tone.

La historia detrás de está canción es un fascinante ejemplo de cómo el reggae puede mutar, transformarse y encontrar nuevas vidas en distintas generaciones. Quizás pocos lo saben, pero este clásico del catálogo 2-Tone Records tiene un origen inesperado: fue concebido originalmente por Stevie Wonder durante una improvisación espontánea en Jamaica.

La historia se remonta a mediados de los
 años 70, cuando Stevie Wonder viajó a Ocho Ríos, Jamaica, para unas vacaciones. Allí conoció al músico Glenroy Washington, quien en ese entonces tocaba con la banda residente del hotel The Americana (hoy Sheraton). En una entrevista, Washington contó cómo una supuesta representante de Wonder les advirtió que el artista los visitaría. Aunque no le creyeron al principio, una noche apareció en el lugar con el mismísimo Stevie Wonder, quien se sentó en primera fila para escucharlos.

Impresionado con la banda, Wonder terminó tocando con ellos durante dos semanas seguidas, improvisando cada noche en el escenario. En ese contexto, nacieron varias canciones, entre ellas una pieza bautizada “What You Talkin’ Bout (You Don’t Like the Reggae Beat)”. Washington recuerda que improvisaron la canción sobre un ritmo que luego sería conocido como “Tempted to Touch”, aunque en ese momento ese riddim ni siquiera existía.

Años más tarde, Glenroy Washington se trasladó a Estados Unidos para trabajar con Wonder. La canción, ya compuesta, fue retomada en 1984 por Dennis Seaton, vocalista de Musical Youth, en un intento por iniciar una carrera solista tras la separación de su grupo. La versión no logró mayor éxito comercial, pero sentó las bases para lo que vendría después.

Fue durante una edición del Reggae Sunsplash en Jamaica donde Rico Rodríguez escuchó por primera vez la versión de Stevie Wonder. El trombonista, figura fundamental del ska y el reggae británico desde sus días con The Skatalites en Jamaica y más tarde con The Specials en Inglaterra, quedó cautivado por la energía de la canción. Inspirado por el estribillo y el ritmo, compuso una versión propia, que tituló “Jungle Music”, una suerte de recreación libre con nueva instrumentación, melodía y enfoque, aunque conservando el espíritu del coro original.

Para llevarla al escenario, se reunió con varios miembros de The Specials: Jerry Dammers, John Bradbury, Horace Panter y Dick Cuthell, con quienes realizó una breve gira por Alemania en 1981. El público reaccionó con entusiasmo, y al volver a Coventry, decidieron grabarla. El resultado fue lanzado en febrero de 1982 como uno de los últimos sencillos oficiales del sello 2-Tone Records, justo cuando el movimiento ya empezaba a declinar. La canción, sin embargo, quedó como una joya colorida dentro del catálogo, una mezcla de ska, reggae y ecos de highlife africano, con una vibra festiva que contrastaba con la oscuridad de otras producciones del sello como Ghost Town.

Musicalmente, “Jungle Music” es una delicia: una mezcla perfecta de reggae, ska y ritmos africanos, con un aire juguetón y brillante que contrastaba con la oscuridad de otros lanzamientos de la época. El trombón de Rico y su voz dialogan de forma tan natural que la canción se vuelve hipnótica. Fue el lanzamiento más comercial de Rico hasta entonces. Incluso dejó el trombón por momentos para cantar. El lanzamiento vino acompañado de un video promocional dirigido por el legendario diseñador y cineasta Barney Bubbles, el mismo que había dirigido el célebre video de Ghost Town.

A la distancia, Jungle Music se percibe no solo como una rareza deliciosa del catálogo 2-Tone, sino como una pieza de transición. Apenas dos años después, Jerry Dammers y Dick Cuthell tomarían muchas de las claves estilísticas de este tema —el uso de ritmos caribeños, arreglos brillantes de metales y una atmósfera de celebración política— para escribir su obra más emblemática: “(Free) Nelson Mandela”.

Jungle Music es, en definitiva, un tema que une a Jamaica, Estados Unidos, Alemania y Gran Bretaña en una sola línea melódica. Nació en una jam improvisada con Stevie Wonder, fue olvidada en su versión original, rescatada por Rico Rodríguez y convertida en un clásico para los verdaderos fans del ska y el reggae.





11 agosto 2025

Aniversario de nacimiento de Jah Jerry Haynes


Jerome “Jah Jerry” Haynes nació el 11 de agosto de 1921 en Jones Town, un barrio popular de Kingston, Jamaica. Creció en un ambiente donde la música estaba siempre presente: su padre, aunque ciego, tocaba la guitarra y fue su primer maestro, transmitiéndole no solo la técnica básica, sino también el amor por el instrumento. En su juventud, Hines mostró un talento natural para el ritmo y la armonía, lo que lo llevó a seguir aprendiendo con músicos experimentados de la ciudad, incluyendo al virtuoso guitarrista Ernest Ranglin, quien perfeccionó su técnica y lo introdujo al mundo de la música profesional.

A pesar de comenzar a tocar la guitarra ya entrados sus 20 años, Jah Jerry progresó con rapidez y se integró a pequeñas bandas locales, tocando en clubes y hoteles. Su estilo absorbía influencias del jazz, el calipso y el mento, géneros que en la Jamaica de los años 40 y 50 formaban parte de la vida cotidiana. Para finales de esa década ya era reconocido entre sus pares por su toque limpio y su habilidad para improvisar, cualidades que lo convertirían en una figura clave cuando Jamaica comenzó a definir su propio sonido.

La gran oportunidad llegó en 1959, cuando Ernest Ranglin lo recomendó a Cecil “Prince Buster” Campbell para una sesión de grabación. El resultado fue “Little Honey”, considerado uno de los primeros registros en el naciente estilo ska. En esa grabación, Jah Jerry estableció un patrón rítmico sincopado con acordes cortos y precisos, una marca que se convertiría en la base de innumerables canciones de ska en los años siguientes. Su guitarra, al mismo tiempo anclada en el compás y abierta a la improvisación, ayudó a consolidar la personalidad sonora del género.

Durante los primeros años de la década de 1960, Hines se convirtió en un solicitado músico de sesión. Participó en grabaciones para productores como Coxsone Dodd, Duke Reid y el propio Prince Buster, respaldando a voces emergentes que pronto serían leyendas: The Wailers, Jimmy Cliff, Desmond Dekker, Derrick Morgan, entre muchos otros. Su habilidad para adaptarse a distintos intérpretes y mantener el pulso del ska lo hicieron indispensable en los estudios de Kingston.

En 1964 fue uno de los miembros fundadores de The Skatalites, la banda que definiría para siempre la edad de oro del ska jamaicano. Junto a Roland Alphonso, Tommy McCook, Don Drummond, Lloyd Knibb y Lloyd Brevett, entre otros, Jah Jerry aportó una guitarra rítmica que servía de columna vertebral para los metales y las líneas de bajo. Con ellos grabó temas instrumentales emblemáticos como “Guns of Navarone” y “Eastern Standard Time”, además de respaldar a decenas de artistas en sesiones históricas.

La trayectoria original de The Skatalites fue breve —apenas año y medio—, truncada por la detención de Don Drummond y las tensiones internas. Sin embargo, Jah Jerry siguió activo como músico de sesión, adaptándose a la transición del ska al rocksteady y luego al reggae. Su estilo, aunque asociado principalmente al ska, podía encajar en los nuevos ritmos gracias a su sólida base jazzística y a su creatividad con los acordes.

En los años 70 y principios de los 80, su presencia en el circuito musical se fue reduciendo. Trabajó ocasionalmente con viejos compañeros y en proyectos especiales, pero en 1985 decidió retirarse definitivamente de la música. A partir de entonces llevó una vida discreta en Jones Town, lejos de la atención pública, aunque siempre recordado con respeto por sus colegas y por la comunidad musical jamaicana.

El reconocimiento a su labor llegó en vida y se multiplicó tras su fallecimiento, ocurrido el 13 de agosto de 2007, apenas dos días después de cumplir 86 años. Fue incluido en el Jamaica Music Hall of Fame y, con el tiempo, su legado ha sido preservado por la Jah Jerry Foundation, que apoya a jóvenes músicos y promueve la historia del ska como parte esencial de la identidad cultural jamaicana.

Hoy, Jerome “Jah Jerry” Hines es recordado como uno de los arquitectos del ska. Su guitarra marcó el pulso de una generación y ayudó a construir la banda sonora de la Jamaica independiente. Su influencia sigue viva en las bandas de ska de todo el mundo, en los coleccionistas que atesoran sus grabaciones y en cada músico que reconoce en su estilo sincopado una pieza fundamental de la historia de la música popular.




06 agosto 2025

"Forward March" - El himno de una independencia


Pocas canciones encarnan con tanta vitalidad el cruce entre música popular y momentos fundacionales de una nación como “Forward March” de Derrick Morgan. Lanzada en 1962 bajo el sello Blue Beat en Reino Unido y producida por Leslie Kong en Jamaica, esta composición se ha convertido en una pieza insustituible en la memoria sonora de la independencia jamaicana. Más que un simple éxito bailable, Forward March representa un grito colectivo, un impulso sonoro que acompaña el tránsito de una colonia británica a un país libre.

Derrick Morgan, una de las figuras clave del ska y del surgimiento de la industria musical jamaicana, articuló en esta canción una emoción genuina que circulaba en las calles: la euforia por el nacimiento de una nueva nación. El estribillo, enérgico y directo —“Forward march! This is a time for celebration”⁠— refleja tanto el júbilo como el llamado a la acción. Pero no se trata sólo de una consigna política: es una proclamación cultural que anuncia un nuevo ritmo para una nueva nación.

Musicalmente, Forward March es un ejemplo notable del ska temprano, caracterizado por su fuerte síncopa, líneas de bajo marcadas, percusión animada y una sección de metales vibrante. El ritmo acelerado y la textura sonora cargada de optimismo son una metáfora del momento político que vivía Jamaica: un país joven que irrumpía con ímpetu en la escena global, buscando su propia voz. La canción cuenta además con una de las primeras apariciones grabadas del cantante de rocksteady y reggae Jimmy Cliff, quien junto con Morgan y otros coristas acompaña la energía colectiva de la pieza.

Desde el punto de vista sonoro, la producción de Leslie Kong captura bien el ambiente vibrante de los estudios jamaicanos de la época, donde la economía de medios se suplía con ingenio rítmico y arreglos directos. La grabación conserva la crudeza y espontaneidad que caracterizan al ska de principios de los años 60: un sonido rugoso, urgente, cargado de vitalidad. Aunque no fue distribuida originalmente por Studio One como algunas otras canciones con temática patriótica, su conexión con el espíritu de independencia fue inmediata.

En el contexto histórico, 1962 fue un año crucial. Jamaica se independizó del Reino Unido el 6 de agosto de ese año, y la canción se lanzó poco antes, justo en el punto de inflexión entre el dominio colonial y la autodeterminación nacional. Forward March no es solo un himno de celebración: es también una pieza de propaganda cultural, de afirmación popular y de esperanza. La canción articula el nacimiento de una subjetividad jamaicana moderna, orgullosa y proyectada hacia el futuro. En ese sentido, puede leerse como una forma temprana de resistencia cultural que no necesita sermonear para ser profundamente política.

Resulta relevante recordar que Forward March no fue la única canción que buscó reflejar este momento histórico. En el mismo año aparecieron otras dos piezas fundamentales: “Miss Jamaica” de un jovencísimo Jimmy Cliff, también producido por Leslie Kong, y “Independent Jamaica” de Lord Creator, esta última respaldada por el sello Studio One con apoyo estatal como parte de la conmemoración oficial. En este trío de canciones se esbozan diferentes perspectivas sobre la independencia: el entusiasmo colectivo (Forward March), la representación simbólica femenina del nuevo país (Miss Jamaica) y la proclamación formal del hecho histórico (Independent Jamaica).

Frente a estas, Forward March destaca por su potencia callejera, por su frescura popular y por la claridad con la que transforma una coyuntura histórica en energía sonora. No idealiza ni formaliza la independencia: la baila, la celebra, la contagia. En lugar de una narrativa de Estado, propone una narrativa del pueblo, donde los protagonistas son quienes caminan al ritmo del tambor, quienes avanzan al compás del ska. En palabras sencillas pero intensas, Morgan articula una música al servicio de la nación emergente.

La canción también tiene una dimensión política soterrada. Si bien no menciona directamente al colonialismo, su insistencia en “avanzar” y en “celebrar” una nueva etapa constituye una ruptura simbólica. En el contexto del Caribe postcolonial, donde la música ha sido herramienta de construcción identitaria, Forward March ofrece una visión optimista pero consciente del porvenir. Es, en suma, un acto de afirmación cultural que se cuela en los surcos del vinilo como una declaración de principios.

A 63 años de su lanzamiento, Forward March no ha perdido vigencia. Su relevancia radica no sólo en su calidad musical, sino en su capacidad para condensar un momento de transformación histórica en menos de tres minutos. En cada compás resuena la energía de un pueblo que decidió caminar con paso propio. Derrick Morgan no solo nos regaló una canción emblemática, sino un documento sonoro que vibra con la misma intensidad que aquel agosto de 1962.




63° Aniversario de la independencia de Jamaica



Jamaica: 63 años de independencia, libertad 
y resistencia cultural


El 6 de agosto de 1962, la bandera británica fue arriada por última vez en el cielo de Kingston, mientras se izaba por primera vez el estandarte negro, verde y dorado de una nueva nación caribeña: Jamaica. Ese día no solo marcó el fin del dominio colonial británico en la isla, sino el inicio de un proceso de construcción nacional profundamente vinculado a la lucha por la dignidad, la identidad cultural y la autodeterminación de un pueblo. Hoy, a 63 años de ese momento histórico, Jamaica no solo celebra su independencia política, sino la potencia simbólica de haber forjado un camino propio en medio de las complejas dinámicas del Caribe poscolonial.

La historia de la independencia jamaicana no puede comprenderse sin atender al largo proceso de resistencia que comenzó siglos antes de 1962. Desde los primeros cimarrones que huyeron de las plantaciones esclavistas y fundaron comunidades libres en las montañas —como los legendarios maroons liderados por Nanny y Cudjoe—, hasta los movimientos obreros y anticoloniales del siglo XX, la lucha por la libertad en Jamaica fue una constante. A finales de los años treinta, las huelgas de trabajadores y los disturbios sociales pusieron en evidencia la insostenibilidad del régimen colonial, lo que obligó a las autoridades británicas a ceder terreno ante los movimientos nacionalistas.

En este contexto emergieron figuras fundamentales como Alexander Bustamante y Norman Manley, líderes de los principales partidos políticos que moldearon la transición hacia la independencia. Si bien ambos compartían el objetivo de la emancipación, sus visiones sobre el desarrollo del país y su relación con el Reino Unido marcaron profundas diferencias ideológicas. Tras años de reformas graduales y de participación en la Federación de las Indias Occidentales, Jamaica votó en referéndum su salida de esta unión regional en 1961, abriendo paso a la independencia formal en 1962.

Pero la independencia jamaicana fue más que un acto político. Fue un proyecto cultural. Desde el mismo momento de su nacimiento como nación, Jamaica empezó a redefinirse no sólo en términos legales o administrativos, sino también simbólicos. La cultura popular se convirtió en el principal vehículo para consolidar una identidad nacional profundamente anclada en su herencia africana, su lengua creole, su religiosidad popular (con el rastafarismo a la cabeza), su cocina, sus tradiciones orales y, sobre todo, su música.

En ese sentido, la independencia fue también el punto de partida para el surgimiento y expansión internacional de un fenómeno musical sin precedentes: el ska, el rocksteady y, más tarde, el reggae. Estos géneros no solo dieron a Jamaica una presencia mundial inesperada para un país tan pequeño en tamaño territorial, sino que se convirtieron en una forma de diplomacia cultural y resistencia simbólica. Bandas como The Skatalites, Toots & The Maytals y, por supuesto, Bob Marley & The Wailers llevaron al mundo un mensaje de libertad, justicia social y espiritualidad profundamente ligado al alma jamaicana.

El reggae, en particular, se volvió sinónimo de lucha. Sus letras, alimentadas por la experiencia del pueblo, abordaron temas como la opresión, la pobreza, la colonización mental y la necesidad de emancipación. Así, Jamaica, aún enfrentando los retos de la pobreza estructural, la migración masiva, el endeudamiento externo y la violencia urbana, logró posicionarse como un faro cultural de conciencia, resistencia y dignidad. La cultura fue el terreno donde la independencia se hizo carne y palabra.

A 63 años de aquel histórico 6 de agosto, la independencia de Jamaica debe pensarse no como una meta alcanzada, sino como un proceso aún en construcción. Los desafíos contemporáneos de la nación —como el debate sobre la permanencia de la monarquía británica, la desigualdad social, el cambio climático y la migración juvenil— nos recuerdan que la libertad no es una estación final, sino un horizonte en disputa. No es casual que en 2022, al cumplirse 60 años de independencia, el gobierno jamaicano iniciara conversaciones para convertirse en república, despojándose definitivamente del yugo simbólico de la corona británica.

La independencia, entonces, no es solo política. Es económica, es cultural, es espiritual. Y en el caso de Jamaica, esa independencia ha sido cultivada a través del ritmo, de la poesía cantada, del tambor y del bajo, del dreadlock y del tambor nyabinghi. La música jamaicana no es solo entretenimiento: es archivo sonoro de la memoria colectiva, testimonio de las luchas pasadas y brújula para las futuras. Y es también un llamado a la reflexión para todos los pueblos que, como el jamaicano, buscan forjar su libertad en sus propios términos.

Hoy celebramos a Jamaica no solo por su independencia, sino por su capacidad de resistir, de crear, de transformar. Un país que convirtió su dolor en arte, su historia en ritmo, su lengua en fuerza. Un país que nos recuerda que la soberanía más profunda es la del espíritu, y que ningún imperio puede dominar por completo a un pueblo que se expresa, que canta, que sueña.


¡63 años de independencia, Jamaica! Y que el tambor siga sonando.




01 agosto 2025

Lloyd Brevett: El contrabajo que fundó un ritmo


El 1 de agosto de 1931 nació en Kingston, Jamaica, un músico que sin ser vocalista, frontman ni figura mediática, sentó las bases del ska y ayudó a cimentar el sonido de la música jamaicana para el mundo. Lloyd Brevett, contrabajista y miembro fundador de The Skatalites, fue mucho más que un acompañante: fue uno de los verdaderos arquitectos del ritmo isleño.

Desde temprana edad, Brevett se sumergió en los sonidos del jazz, el mento y el rhythm & blues estadounidense, absorbiendo la riqueza rítmica que más tarde trasladaría al contrabajo. En 1964, con otros músicos legendarios como Don Drummond, Tommy McCook y Roland Alphonso, dio vida a The Skatalites: la banda que definiría el ska original y pondría a Jamaica en el mapa musical global.

Brevett fue el pulso de esta revolución. Su contrabajo marcaba la cadencia, el “heartbeat” que movía a las multitudes. Escuchar piezas como “Guns of Navarone”, “Freedom Sounds” o “Man in the Street” es escuchar la línea de bajo como columna vertebral: sólida, cadenciosa, elegante.

Pero su legado no termina ahí. Tras la separación inicial de The Skatalites en 1965, Brevett siguió siendo una figura clave en la escena de Studio One, colaborando en grabaciones que hoy son clásicos del ska, rocksteady y reggae. En los años 70 y 80 participó en reuniones de la banda, produciendo álbumes como African Roots (1975) y siendo parte de la histórica reunión en el Reggae Sunsplash de 1983.

Por sus contribuciones, recibió la Order of Distinction en 1981 y la Medalla Musgrave de Plata en 2010. Sin embargo, su mayor reconocimiento está en las vibraciones de cada canción ska donde el bajo suena con esa mezcla de swing caribeño y rigor jazzístico que él ayudó a forjar.

Lloyd Brevett falleció en 2012, apenas unos meses después del asesinato de su hijo y tras sufrir un derrame cerebral. A pesar de su partida, su influencia es perenne. Quienes hoy tocan bajo en ska, reggae o dub, lo hacen sobre los cimientos que él colocó.

Este 1 de agosto celebramos su natalicio recordando que, en la historia de la música jamaicana, el bajo no solo acompaña: guía, impulsa y da alma. Y Lloyd Brevett fue, sin duda, uno de sus más grandes espíritus.




Soul of Jamaica


En 1968, cuando el rocksteady latía con fuerza en los barrios de Kingston y el early reggae comenzaba a asomarse con paso firme, el sello Trojan Records —recién fundado en el Reino Unido— lanzó una de sus primeras grandes apuestas: el álbum recopilatorio Soul of Jamaica. Bajo un título evocador y una portada vibrante con el mapa de la isla al centro, este disco se propuso capturar la esencia musical de una Jamaica en plena efervescencia creativa.

Se trata de una compilación de varios artistas fundamentales del periodo, entre ellos Alton Ellis, Phyllis Dillon, The Paragons, The Jamaicans, Joya Landis y la banda instrumental por excelencia: Tommy McCook & The Supersonics. Todos ellos fueron piezas clave en el sonido de los estudios Treasure Isle, bajo la dirección del legendario productor Duke Reid, cuyas grabaciones Trojan ayudó a difundir fuera de Jamaica.

El repertorio incluye versiones adaptadas con sensibilidad caribeña de clásicos anglosajones como “Angel of the Morning” (interpretada por Joya Landis) o “Love Letters” (a dúo entre Alton y Phyllis), así como composiciones originales cargadas de romanticismo, nostalgia y groove jamaiquino. Temas como “Willow Tree”, “Out the Light”, “I Can’t Stand It” o el instrumental “Ride Mi Donkey” ofrecen un recorrido completo por el universo emocional del rocksteady, con arreglos sencillos pero llenos de alma. El álbum se cierra con “Flying Home”, una pieza instrumental que evidencia la influencia del jazz y la elegancia de McCook como saxofonista.

Aunque el título podría sugerir una cercanía con otros trabajos como Mr. Soul of Jamaica de Alton Ellis (1974) o The Soul of Jamaica de Inna De Yard (2017), es importante distinguirlos. Este álbum, editado por Trojan en su tercera referencia oficial (TTL 3), fue concebido como una carta de presentación colectiva del sonido jamaiquino para el público británico, en particular para la creciente comunidad caribeña asentada en Londres, Birmingham o Brixton. En ese sentido, Soul of Jamaica fue un puente entre islas: Jamaica y Gran Bretaña, música y migración.

La reedición de 2018 —con sonido remasterizado y arte gráfico respetuoso del original— permitió rescatar este clásico y devolverlo a las tornamesas y plataformas digitales, ahora con plena conciencia de su valor patrimonial. El disco no solo guarda canciones memorables; guarda un espíritu: el de una Jamaica que cantaba, amaba y resistía a través de sus voces, sus armonías y sus riddims.

Soul of Jamaica es, en efecto, una forma sonora de entender lo que significa una isla que convirtió su alma en ritmo.